Allodoxaphobia

El otro día publiqué una artículo sobre una página web que contenía un montón de "fobias" totalmente disparatadas, como el miedo a las palabras largas o el miedo a la nieve (hay muchas más, algunas muy graciosas xD). Una de ellas me llamó la atención: la "allodoxaphobia" o "alodoxafobia" en castellano, que se define como "un persistente, anormal e injustificado miedo a las opiniones ajenas".
Al principio puede parecer chocante que exista gente que tema las opiniones ajenas de igual manera que un claustrofóbico los espacios cerrados o que un aracnofóbico, las arañas. No obstante, este miedo al "qué dirán" está muy arraigado en nuestra sociedad actual (ya no hablo refiriéndome al país ni nada por el estilo, sino a nuestro círculo familiar, de amigos, etc.) Por suerte no llega a alcanzar este nivel patológico... xD pero aún así, es de notar que una altísima mayoría de la gente normal y corriente, sin problemas mentales, dedica una parte importante de su tiempo a salvaguardarse de las críticas de los demás.
Si a esto le añadimos que últimamente lo más habitual y lo más común en una persona es la superficialidad y sólo se cultivan las apariencias externas (de las apariencias hablaré, si puedo, más adelante), podemos diagnosticar de "alodoxafobia" a la población entera.
Un ejemplo muy actual son las redes sociales: Tuenti, Facebook... que si bien sirven para mantener el contacto con tus conocidos que viven en otra ciudad u otro país, la mayor parte de las veces solo es una herramienta de cotilleo masivo. Hasta llegar al punto en el que, estamos más concentrados e interesados en la vida de los demás que en la nuestra propia.
No solo eso, sino que, además, nuestra autoestima depende en gran medida de lo que piensen (o hagan como que piensen) los demás de nosotros. ¿Es posible vivir con este miedo metido en el cuerpo? Es decir, ¿podemos vivir estando pendientes de evitar las críticas ajenas?
Para ilustrar este tema voy a citar una fábula muy buena que leí una vez en un libro:

"Un campesino y su hijo adolescente, acompañados de su vieja burra, fueron al campo a recoger leña. Hicieron un haz con ella y la cargaron en el animal. Al verlos pasar, la gente decía: "¡Qué sinvergüenzas!; ese pobre animal viejo lleva el haz de leña y ellos tan descansados". Como padre e hijo no querían ser criticados, decidieron liberar al animal de su carga, y después de dudar quién la llevaba, decidieron que sería el hijo. Pero entonces, la gente que los veía pasar comentaba: "¡Vaya padre más desalmado. Su hijo es casi un niño y le hace llevar la leña, en vez de cargarla en la burra o llevarla él!". El padre, avergonzado, decidió coger él mismo el haz de leña. Entonces, los que pasaban y les veían se reían de ellos diciendo: "Fijaos que son tontos que, teniendo la burra, carga el padre con el haz de leña""

Hagamos lo que hagamos no podemos evitar que, en muchas ocasiones, algunas personas nos critiquen, con razón o sin ella. Siempre habrá gente que te criticará por ser demasiado canalla o demasiado ingenuo, demasiado arisco o demasiado falso, ...
Las críticas y opiniones de los demás tienen su valor útil, pero no por ello podemos sentirnos mal, no por ello tenemos que poner en juego nuestra autoestima, cada vez que alguien nos critique a nuestras espaldas.

Frase del fin de semana: "Carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad" (Bertrand Russell)

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