Angustia

Hoy no he salido muy contento de un examen, no me ha sentado nada bien al ánimo. En mi cabeza seguía teniendo números maléficos danzando y tomando las más diversas formas, así cualquiera sonríe. He salido con la típica sensación de no haber dado todo lo mejor de mí en ese examen, de que podía haberlo hecho mucho mejor, una especie de fracaso de mis espectativas. Digo "típica sensación" porque suele pasarme últimamente.
Como suele ocurrir siempre, basta con un pequeño evento que torne tus pensamientos grises, para que el día vaya a peor. En un estado de apatía, me fui caminando a mi casa. Con una tarde de estudio y trabajo como futuro, en seguida acudieron mis amiguitos: los agobios en sus distintas manifestaciones. Miraba la lista eterna de tareas que tenía encima y no me sentía capaz de hacerlas, y es que el problema no radica en lo que hago y lo que estoy haciendo, sino en lo que me queda por hacer. Muchas veces cuanto más trabajo tenemos por hacer menos hacemos ese día, porque más agobiados estamos y menos ganas tenemos de ponernos manos a la obra, porque las perspectivas de trabajo no acaban...
Claro, yo estaba en mi estado de ensimismamiento post-examen. Lo que de verdad echaba en falta era poderme acostar por la noche (a una hora razonable, las 11 o por ahí) y poder respirar hondamente y decirme "bien hecho, hoy has cumplido con tu tarea, has aprovechado el tiempo". Lamentablemente el pensamiento es algo así como "hoy ha sido otra tarde improductiva, mañana tendré que matarme a trabajar, aunque sé de buena fe que no voy a hacer nada, otra vez..." Obviamente, el humor recién levantado no es muy bueno.
Y en esas cabilaciones iba yo ahondando, hundiendome en una especie de espiral descendente y con forma de nube (de nube porque es como etérea, vaporosa, algo así). "En realidad no tengo motivos..." pero la implacable montaña de obligaciones me quitaba rápidamente la razón.
En realidad siempre hay razones para estar mal, eso lo podemos encontrar fácilmente: un amigo o amiga que no me habla y que hoy ha estado especialmente arisco o arisca, un grupo de colegas al que no dedico tanto tiempo como querría, una falta de tiempo libre para hacer lo que me gusta, una mala trayectoria con los estudios, unas discusiones en casa, un sentimiento de impotencia ante la vida, etc. Lo que no es tan fácil de ver es que, de igual manera de que podemos "autoconvencernos", con mil razones, para estar triste o desanimado, siempre existen tantos o más argumentos para "autoconvencernos" para estar alegre y animado, y ahí radica el secreto. Nuestros sentimientos los podemos manejar para conseguir un fin. ¿Cuál es el fin en este caso? En este caso es cumplir unos objetivos, unos trabajos y estudios y cosas. ¿Me sirve de algo estar así? Obviamente no. Peeero, es que es así como me sale estar... Bueno, tal vez, entonces hay que buscar alguna manera de cambiar tu "cómo te sale estar".
Muchas veces sólo es una excusa por pasividad a enfrentarte, otras veces es autocompasión, otras veces es un sentimiento realmente arraigado. En cualquier caso, no es útil. Y al igual que antes nos hemos "autoconvencido" de estar mal, debido a una experiencia o experiencias anteriores o por distintos pensamientos, también debemos de ser capaces de "autoconvencernos" de forma positiva.
Cada cual es un mundo, y cada cual cambia su "signo mental" (positivo o negativo) con distintos estímulos: alguna canción que me encante, hablar con cierta persona, desahogarme, correr o hacer deporte, dar un par de abrazos... o simplemente pensar en las mil razones para estar bien, o plantearse la vida como un juego.
En cualquier caso, lo más difícil es el paso de un "signo" a otro. Cuando se consigue, todo suele ir rodado, más o menos, a no ser de que vuelva a pasar algo poco recomendable para tu ánimo.
Al final, sí, cambié mi ánimo. Me puse un planning con lo que me gustaría haber hecho al final de la tarde, sin ser muy exigente. Bueno, el resultado es mucho mejor así.
La clave de todo esto es utilizar tus sentimientos para tu bien. Me siento tal y cual, vale, pero ¿te es útil? La mayor parte de las veces sí, otras no. Cuando se trata de angustia, sobre todo por el futuro, por un resultado incierto, suele ser inútil, no solo inútil sino contraproducente. La situación no va a cambiar demasiado (a no ser de que seas muy bueno cambiando tu "polaridad" y con mucho ímpetu y voluntad, yo no tengo mucha) pero sí cambian tus resultados obtenidos.
Ante unas circunstancias siempre hay dos formas de pensar y de actuar: una "constructiva" y otra "destructiva". En este caso, busca tu propia estratagema para pensar positivamente cuando te ataque la angustia.

Frase de hoy del calendario:
"La clase de felicidad que necesito es menos hacer lo que quiero que no hacer lo que no quiero" (Jean-Jacques Rousseau, este os sonará familiar xD)

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