Condemnation

Hoy voy a hablaros de un fenómeno que se da muchas veces en las relaciones interpersonales que recibe el nombre de "condena". La condena consiste, básicamente, en confundir una actitud con una persona. Esa actitud suele ser negativa.

Por ejemplo, cuando una persona nos hace algo malo, o algo que nos sienta mal, tendemos a atribuir esa actitud a que el otro es una mala persona. Pasamos del "me ha sentado mal su comportamiento" a "es una persona falsa e hipócrita, es malvada y está en mi contra". A lo mejor el ejemplo es un poco extremo, pero, si nos fijamos bien, rara es la vez que no actuamos así: un comportamiento "malo" convierte a la persona en una persona "mala".

Este fenómeno está muy relacionado con el tema de las exigencias que ya traté: exigimos al otro un comportamiento, y al tener otro, condenamos definitivamente a esa persona.

No solo eso, sino que, para reforzar nuestra opinión negativa del otro, solemos hacer una "memoria selectiva". Es decir, intensificamos los recuerdos que tengamos de la otra persona comportándose de forma negativa para nosotros ("sacar los trapos sucios" o recriminar los comportamientos pasados, aunque en aquel momento no hubieran tenido importancia). Y, además de reforzar aquellos recuerdos que "nos dan la razón", ya que demuestran que la otra es una "mala persona"; también y más importante, minimizamos o quitamos trascendencia a los recuerdos positivos.

Por ejemplo, cuando una mujer se enfada con su marido porque no es atento con ella, le recriminará todas aquellas ocasiones en la que él se mostró distante o desagradable, pero no "recordará" nada de todas las actitudes románticas y agradables de su marido.

Este autoconvencimiento de que el otro es una "mala persona", ayudado por este recuerdo selectivo de lo negativo, contribuye a la condena.

Cuando condenamos, dejamos de pensar en la persona como ser muy complejo, con sus diversos pensamientos y comportamientos, a veces agradables para nosotros y a veces indeseables. Hace falta darse cuenta, por lo tanto, que ninguna persona es tan mala para no tener algo bueno ni nadie es tan bueno para no tener algo malo, y no debemos confundir algo tan complicado y tan digno como una persona con una actitud eventual: no debemos decir "es un egoísta" sino "su comportamiento ha sido egoísta". Cuando condenamos o juzgamos, negamos que la otra persona sea una maraña de sentimientos y emociones a veces contrapuestos, y la calificamos como una de los "tipos malos".

La condena es otra de las cosas que ayudan que no veas para sentirse frustrado o descontento.

Frase de hoy:
"Generalmente, la felicidad tiene un oído duro" (Publio Siro)

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