Sobre la amistad (II)


Anteriormente, hace mucho, escribí la primera parte de Sobre la amistad, en la que hacía una pequeña introducción en lo que era para mí la amistad.

Hoy, voy a tratar un aspecto que considero fundamental para que una amistad del grado que sea resulte satisfactoria: La comunicación. La comunicación es fundamental, sobre todo, en la resolución de problemas, y de ello quiero hablar hoy.

Como todos sabréis, cada persona es un mundo. Un mundo interconectado con más mundos, pero en el fondo no dejan de estar separados. Como mundo independiente que es, cada persona concibe la realidad de una manera particular. Es lo que se llaman los "mapas" de la realidad.

Ante una misma situación, dos personas en apariencia parecidas pueden llegar a ver cosas totalmente distintas, es lo que se llama "interpretaciones" de la realidad. Y estas interpretaciones se fundamentan en los mapas que tiene cada uno en su cabeza. Estos mapas nunca son iguales a la realidad: magnifican unos detalles y ningunean otros. Se tratan, en definitiva, de unos esquemas simplificados de la realidad en su conjunto, sin los cuales no podríamos pensar ni actuar.

Ahora bien, cuando en una relación, de amistad en este caso, se produce una situación que pueda dar lugar a interpretaciones distintas por parte de las dos personas, puede surgir el conflicto. El conflicto aparece cuando lo que uno ve y lo que ve el otro es radicalmente opuesto.

Un ejemplo: la mayoría de las veces que en una relación de amigos uno se ofende, el otro ni siquiera se había dado cuenta de que su conducta pudiera haber ofendido a su amigo. Se trata de un caso de diferentes interpretaciones de los "mapas" de la realidad.

¿Por qué es importante la comunicación en estos casos?

Bien, en una relación donde la comunicación brille por su ausencia, ante un conflicto se tenderá a interiorizar los sentimientos. Esto es lo más peligroso que puede pasar en estas situaciones. Me explico. Cuando un pequeño detalle molesta a uno de los dos amigos, y se lo comenta a su amigo, a lo mejor tienen una pequeña discusión o no, pero se suele acabar arreglando el asunto. Sin embargo, si en vez de hacérselo saber a su amigo, se lo calla, esto da como resultado:
  • El ofendido tenderá a pensar cada vez más y más en lo que le ha ofendido, hasta magnificar el asunto de forma inimaginable. Tras callarse muchas cosas, terminará por explotar en una bola de ira y reproche hacia su amigo. Esto puede ser muy peligroso, porque da lugar a discusiones violentas donde es fácil arrepentirse de lo que uno ha dicho.
  • El asunto no solucionado es un candidato de primera para la "memoria negativa selectiva". Quiero decir que, la próxima vez que discutan los amigos, saldrá a la luz ese elemento negativo en la memoria selectiva: el ofendido que se calló tenderá a recordar aquella ofensa, aquel aspecto negativo, y su enfado aumentará. Esto se plasma en la frase ¿Te acuerdas aquella vez que...? Y suele ser usado como reproche.
Vamos, un panorama difícil de solucionar. En cambio, la solución se plantea por hablar las cosas.

Cuando hablamos de hablar las cosas, valga la redundancia, lo más importante es que sea pronto. No demasiado pronto, para no coger las cosas en caliente (recordad el cuentecillo aquel del samurái que contuvo su temperamento), pero no tarde para que no se desmadre la situación.

Dos amigos, (recordad qué significaba amigo, en Sobre la amistad (I)) ante estas situaciones, no tendrán problema en arreglar las cosas si la ofensa no ha sido muy grave y si se ha hablado bien del asunto, y rápido.

Otro aspecto determinante es que, como todos sabréis, en la comunicación, en el diálogo, son necesarias dos personas. Si alguno de los dos se cierra en banda y se niega a hablar, es imposible que avance la reconciliación. Un buen amigo debe estar siempre dispuesto a hablar con el otro de temas importantes, en el caso contrario se está comportando de forma inmadura y peligrosa para la relación.

Por último, al igual que es importante hablar pronto con nuestro amigo si nos ha ofendido (la mayoría de las veces será sin intención, aunque nuestra mente retorcida nos haga creer lo contrario), también nuestro amigo debe hablar con nosotros si piensa que le hemos ofendido. Recordad que nadie es adivino, y que NO existe eso de "debería saber lo que pienso" o "debería saber cómo me siento", ya que esa es una actitud a todas luces falsa e idealista. Si nuestro amigo no habla con nosotros, no podremos saber a ciencia cierta qué es lo que hemos hecho mal, o en qué podemos cambiar.

Y, en una relación sana de amistad, no puede haber un desequilibrio muy grande a la hora de la comunicación ante los problemas: no puede estar uno todo el tiempo detrás de su amigo, ni al revés. En ese caso, puede dar la sensación de que tu amigo no valora lo suficiente tu amistad (es una sensación que hay que tener en cuenta, porque puede ser importante aunque no le concedamos importancia. Sin embargo, no suele ser acertada, porque los amigos de verdad siempre actúan con toda la buena intención de la que son capaces)

Para terminar, pongo una frase de Homer Simpson a título humorístico:

"El problema es la comunicación... demasiada comunicación"

xD

No le hagáis caso y sed transparentes y sinceros en vuestras relaciones.

¡Un saludo! Y deseadme suerte para el campeonato de Taekwondo que tengo mañana xD

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