Tic, tac.


Artículo dedicado a mis compañeros de clase, de sufrimientos y alegrías.

Cada segundo está en nuestra contra ahora mismo. Estos días se terminan muchas cosas y empieza una etapa trepidante en nuestras vidas, un tiempo donde depende de nosotros conseguir muchos objetivos. Ponemos en juego muchas ilusiones y mucho trabajo a lo largo estos dos últimos años. Pero incluso para aquellos para los cuales esta recta final de exámenes no significa nada, no podemos dejar escapar una realidad tan obvia que duele: Queda sólamente una semana de clase.

Es tiempo para hacer balance.
Quedan escasos tres días. Después de eso, diremos adiós a muchas cosas que hemos convertido en cotidianas, que se han hecho parte de nuestra vida y que han ido viendo nuestra evolución reciente. Queda poco para que se acaben las horas interminables en clase, y también aquellas en las que nos lo pasamos realmente bien. Se acaban los trabajos, las prácticas en el laboratorio, sí, sí, todo eso. Pero sobre todo se acaba nuestra convivencia, nuestros recreos, nuestros intermedios entre clase y clase, nuestros cumpleaños sorpresa, nuestros regalos invisibles, nuestras chorradas y nuestras seriedades, nuestros momentos de bajón sintiéndonos apoyados por nuestros amigos, nuestros momentos de euforia, chillando y corriendo.
Todo eso se va a acabar.

Es una despedida triste, porque hemos vivido mucho en esta aula de madera. Y, sobre todo, hemos sentido mucho, en lo malo y en lo bueno. Pero es una despedida que tarde o temprano había que hacer, sólo que tal vez, como siempre, ha llegado demasiado pronto.

Es cierto que no dejaremos de vernos ni mucho menos, porque todavía nos quedan más clases por hacer y más exámenes. Pero a partir de ahora es una cosa distinta. Somos conscientes de que a esto no le queda mucho.

¿Qué tristeza, no? Puede ser, pero es algo normal. Nuestra vida cambiará dentro de unos meses. Tendremos que decir "adiós" a todo aquello que nos ha transformado, de ser unos chiquillos ingenuos de ESO, a unos auténticos adultos que han pasado por muchas cosas y que tienen una experiencia de oro. Muchas relaciones se han forjado en este lugar al que llamamos infierno, de forma cariñosa: es nuestro infierno. Muchos amigos han aparecido donde no había nada, muchos lazos se han unido y otros se han roto. Muchas personas nos han descubierto un interior que nunca habríamos esperado, y nos han enseñado mucho sobre nosotros mismos. En este pequeño experimento de dos años hemos experimentado instantes únicos y que perdurarán con nosotros para siempre.
Es triste decir "adiós".

Pero, como antes dije, no es un adiós como tal. Es un "siento que se aproxima el momento de despedirnos". Y cuando dos amigos sienten que se les acaba el tiempo, es cuando más viven su amistad.

Me gustaría hacer un llamamiento desde aquí, como ya hice en otro artículo, a disfrutar al máximo estas semanas. A sentir y a reir y a llorar y a gritar y a saltar. No quiero que ni un ápice de vuestro interior se quede dentro. Quiero veros eufóricos, quiero veros apenados, quiero veros llenos de vida, a vuestra manera. Pero que no quede nada dentro, echadlo todo fuera. Disfrutad de este instante, este momento que nunca, nunca volverá.

Es ahora cuando hay que decirle gracias al amigo, cuando hay que enterrar el hacha de guerra con el enemigo. Que se cree entre nosotros un vínculo sagrado. Se avecina un mundo de cambio y de emoción, ¡vivámoslo con ilusión!

Las manecillas del reloj se mueven, pero ya no como otras veces.

Tic, Tac... crea, destruye. Tic, Tac... odia, ama. Tic, Tac... llora, lucha. Tic, Tac... vive.

Y que estas semanas sean las mejores de nuestra vida.

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