Trust me


¿Qué es la confianza?

Si buscamos en un diccionario cualquiera, encontraremos que la confianza es algo así como “esperanza firme en algo o alguien” o “seguridad firme en sí mismo”, pero… ¿qué es? ¿Cuándo decimos que se puede confiar en alguien? ¿Cuándo tenemos confianza con una persona?

En primer lugar, se trata de algo que puede ser unidireccional: yo puedo confiar en Pepito, pero Pepito puede no confiar en mí. Pero, generalmente, es un proceso bidireccional: Pepito y yo tenemos confianza. Esto significa que puedo compartir mis vivencias, mis sentimientos y mis pensamientos con Pepito, y él también lo puede hacer conmigo; y los dos podemos estar seguros de que nuestras confesiones quedarán a salvo.

Confiar es creer que puedes confiar tu vulnerabilidad al otro. Es una creencia de que el otro no te va a juzgar, no se va a reír de ti, no te va a hacer daño... Esto respecto a la comunicación, pero también puedes confiar en que el otro esté a tu lado en los momentos malos, en que te sepa valorar, en que se tome en serio tus preocupaciones…

Confiar en otra persona es compartirnos a nosotros mismos, es hacer partícipe al otro de nuestra vida. Y para ello es imprescindible eliminar nuestras corazas, hacernos vulnerables.

¿Qué ocurre cuando “entregamos” nuestra confianza demasiado pronto, o a manos equivocadas? Entonces esta creencia se puede trastocar, y podemos sufrir un fuerte varapalo emocional. Al hacernos vulnerables, dejamos entrever nuestros puntos débiles y asumimos un riesgo a equivocarnos.

Cuando nos arriesgamos y, en efecto, fallamos: una persona de nuestra confianza nos “traiciona”, tendemos a intentar no cometer este error nunca más, el error de confiar en alguien. Por lo tanto, muchas personas se encierran tras sufrir un desengaño, y de esta forma no vuelven a confiar en nadie más (o confían menos), y así se aseguran estar protegidas ante el dolor.

Sin embargo, esto supone una reacción en el entorno: si nosotros nos cerramos, los demás se cerrarán a nosotros. Al no confiar tanto en los demás, los demás tampoco encontrarán en nosotros a alguien de confianza. Se crea un archiconocido “círculo vicioso”, de difícil salida.

Pero ¿cuál es el porqué de esta “defensa” ante los demás?

Cuando sufrimos una decepción importante en nuestra vida, cuando sufrimos un desengaño de cualquier tipo, podemos llegar a pensar (y de hecho, pensamos) que “hemos tenido que hacer algo para merecérnoslo”. Dicho de otro modo, buscamos un porqué a nuestro sufrimiento, y muchas veces lo encontramos dentro de nosotros mismos en forma de culpa.

Al autoculparnos, nos estamos condenando, porque “si nos ha pasado una vez, puede volver a pasarnos”. De forma inconsciente, pensamos que somos los causantes de nuestro sufrimiento. Hay “algo” en nosotros que hace que los demás nos desprecien. Por eso hemos sufrido tantas experiencias negativas.

La forma de escapar al dolor es, por lo tanto, desconfiar de los demás. Así “impedimos” que nos ataquen.

Pero, llegados a este momento, ya tendríamos que ser capaces de ver que el verdadero origen de nuestra coraza, de nuestra máscara, es una desconfianza en nosotros mismos.

Una desconfianza que ha surgido de experiencias negativas, que hace que no nos valoremos, que no nos sintamos seguros de nosotros, que pensemos que somos despreciables en cierta medida, que nos creamos incapaces de mejorar. Condenamos el futuro, al cerrarnos a posibles experiencias buenas.

Al refugiarnos de los demás, al guardar nuestros sentimientos íntimos para que nadie “hurgue” en ellos, nos impedimos disfrutar de la vida.

Muchos de nuestros problemas se deben a heridas que nos han hecho perder la confianza en nosotros mismos. La confianza de que las cosas pueden salir bien, y de hecho salen bien si nosotros nos lo planteamos así.

Así, al tener un desengaño amoroso, es posible que nos cerremos a nuevas relaciones, porque anticipamos que van a acabar mal. Es cierto que algunas de ellas acabarán mal y nos destrozarán por dentro. Pero también es cierto que las más de ellas serán maravillosas y nos harán crecer como personas, regalándonos muchos momentos de felicidad.

Si un amigo nos traiciona, no podemos cerrarnos a tener otros amigos, ni pagarlo con el resto de los que tengamos. Las experiencias negativas siempre están ahí, pero también lo están las positivas, y cada trauma, cada pequeño tropiezo, es una oportunidad para descubrir el valor de las cosas.

Por esta sencilla lógica: si no confiamos en nosotros mismos, ¿quién confiará en nosotros? Si no nos queremos a nosotros mismos, ¿quién nos querrá?

¿Tiñes el futuro de negro antes de que ocurra?
Si es así, busca las heridas que tengas. Las heridas se pueden curar, es difícil pero no imposible. La desconfianza se cura con confianza, y el desamor con amor.

Imagina el potencial que tendrías si confiaras en ti mismo. Nadie podría pararte. Imagina lo feliz que vivirías si te abrieras a la posibilidad de disfrutar y no a la de sufrir.

¿Lo has imaginado? Entonces es que es posible.

Comentarios

  1. Eres muy grande ... (: CONFIDENCIA Nº1 xD
    FDO: Ves te dije que lo leería :)

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