Homeopatía: en contra


HOMEOPATÍA: EN CONTRA

Es mejor que leas primero: 

  1. "Pensamiento crítico: Homeopatía", en este blog: http://lasmemoriasdecharles.blogspot.com/2011/12/pensamiento-critico-homeopatia.html

  2. "Homeopatía: ¿Qué es?", en este blog: http://lasmemoriasdecharles.blogspot.com/2011/12/homeopatia-que-es.html



A continuación, una recopilación de las razones que suelen argumentar los detractores de la homeopatía.



Críticas desde dentro de la homeopatía



Este apartado está destinado a las críticas que recibe la homeopatía desde los propios homeópatas.

Es necesario que la homeopatía salga del ostracismo, que reinvente el lenguaje y que aprenda de los errores del pasado. La homeopatía ha estado siempre dentro de la medicina, no fuera.

Los homeópatas también advierten que “la indicación de un medicamento homeopático equivocado, si bien no daña, puede crear expectativas y demoras en un tratamiento y constituir una situación dañina per se”. 

 

Críticas a algunas corrientes homeopáticas


La escuela del “complejismo” es la tendencia más alejada de la homeopatía, no tiene en cuenta la ley fundamental “similia similibus curantur”, no se busca el remedio individual, sino el cóctel de remedios. Cada laboratorio posee sus propias mezclas de remedios para cada tipo de enfermedad en particular: esto indica el poco criterio y fundamento de este tipo de terapia. Estos remedios pueden aliviar, pero no pueden llegar a la raíz del mal.

La Similterapia Magistral (otra rama homeopática) tampoco se puede considerar como homeopatía estricta, aunque sí como “otra cosa”.

Crítica a la homeopatía como ciencia

 

La homeopatía: una “pseudociencia”


La homeopatía no se ha acreditado científicamente, ignora el método científico, y por lo tanto está considerada como “pseudociencia” (falsa ciencia) por la mayoría de los científicos y de la clase médica de EEUU y Europa Occidental.

Los estudios  y prácticas homeopáticas no se suelen publicar en revistas médicas o científicas generales, sino en revistas científicas o de medicina alternativa (como “Homeopathy”).

La afirmación actual de que la homeopatía estimula el sistema inmunitario es compartida con la mayoría de las terapias “pseudocientíficas”.

El principio lógico fundamental causa-efecto no es aplicable para Hahnemann a los procesos patológicos y a su curación. Sus razonamientos son, además, circulares.

Las propias palabras de Hahnemann constituyen un rechazo de la ciencia como forma de conocimiento, fenómeno este muy frecuente en toda una serie de doctrinas y disciplinas actuales que se ubican a sí mismas “en las fronteras de la ciencia”.

Las pruebas que avalan la teoría homeopática del medicamento se mantienen dentro de los límites de la “incertidumbre estadística”: un signo que, combinado con otros, indican que se trata de una pseudociencia.

 

Entra en contradicción con la ciencia actual


Los principios de Hahnemann contradicen abierta y profundamente el conocimiento bien establecido de la física, la química, la farmacología, la patología y, en definitiva, las leyes de la materia y de la vida, es decir, de la ciencia moderna.

Además, los intentos de conciliar la homeopatía con la ciencia moderna han sido un fracaso completo.

Algunos de los postulados que contradicen a la ciencia moderna son: la fuerza vital, el principio de los similares, el principio de los infinitesimales y la memoria del agua. (Para conocer más sobre estas críticas, leed la sección correspondiente)

Un ejemplo es que la homeopatía contradice directamente la teoría de los gérmenes como causantes de enfermedades. Ante las pruebas abrumadoras a favor de esto último, intenta adoptar un estándar doble: las enfermedades son causadas por problemas holísticos, salvo aquellas que son causadas por virus y gérmenes.

 

La “experimentación homeopática” es muy subjetiva


Los métodos para probar los remedios homeopáticos (“experimentos patogenéticos”) son “muy personalizados y de relevancia individual para el homeópata o experimentador”, es decir, se basan en evaluaciones subjetivas de los voluntarios.

Los homeópatas de hoy en día deberían saber que, debido a la complejidad de cada cuerpo humano individual, 50 personas diferentes pueden reaccionar de 50 maneras diferentes a la misma sustancia. En otras palabras, cien homeópatas preparando un remedio para un paciente podrían recetarle cien remedios diferentes.

 

La homeopatía parasita a la ciencia


Aunque la homeopatía es una práctica automantenida (no necesita del resto de los conocimientos científicos para funcionar), parasita los nuevos conocimientos y descubrimientos realizados para justificarse.

Además, los homeópatas presentan lo limitado del conocimiento científico como coartada.

La homeopatía no ha producido ningún avance significativo en el tratamiento y/o curación de ninguna enfermedad, ni ha provocado ningún nuevo concepto teórico de cierto peso. Se encuentra enclaustrada en los mismos principios declarados dogma de fe por su fundador y maestro.

No funciona en el sentido de explicar patologías o sus curas en una forma que, no solo concuerde con los datos, sino que también nos lleve a un mayor conocimiento de la naturaleza de la salud y la enfermedad.

La homeopatía se parece mucho a otras “pseudomedicinas”. Estas necesitan desmarcarse, diferenciarse en algo, y, para ello, sacan a colación los supuestos métodos y conocimientos “nuevos”, “alternativos” o “complementarios”, para así, respectivamente, crear una medicina “nueva”, “alternativa” o “complementaria” con sus correspondientes médicos (pseudoespecialistas) “nuevos”, “alternativos” o “complementarios”. Pero no se desmarcan totalmente: guardan analogías y utilizan datos de la “medicina oficial” que les sirve de coartada y escudo a sus elucubraciones, o sea, para hacerlas creíbles y entendibles.

 

La homeopatía no es ciencia, es filosofía


Las “leyes” de la homeopatía (ley de los similares y ley de los infinitesimales) no son leyes naturales de la ciencia. Si son algún tipo de ley, son “leyes metafísicas”: creencias sobre la naturaleza de la realidad que serían imposibles de comprobar por medios empíricos.

Aunque las ideas de Hahnemann sí se originaron en la experiencia, el hecho de que dibujara conclusiones metafísicas a partir de eventos empíricos no hace sus ideas comprobables empíricamente.

La base de su planteamiento es de carácter filosófico, y tampoco es original del médico alemán (habría que remontarse a las teorías de los sofistas griegos y a las doctrinas de Hipócrates y Galeno).

 

La homeopatía se basa en axiomas inmutables


La homeopatía se basa en fundamentos filosóficos axiomáticos como: la existencia de algo llamado “dinamismo vital” que regenera de forma natural los daños causados por las enfermedades y los principios de los similares, de dilución extrema y de individualidad del organismo de cada persona.

Estos principios axiomáticos constituyen afirmaciones no demostrada científicamente, por lo tanto no son ni leyes naturales ni fundamentos científicos válidos.

Estas bases fueron establecidas a finales del siglo XVIII y han permanecido invariables desde entonces. En ningún momento los homeópatas han planteado una revisión de estos principios, que no han sido puestos en tela de juicio ni han sido analizados, revisados o rechazados a la luz de los nuevos descubrimientos en biología, bioquímica, patología o química. Son tomados como dogmas, casi como leyes fundamentales de la naturaleza.

Los homeópatas profesan un fervor casi religioso a su fundador, Samuel Hahnemann.

 

La homeopatía es magia


Algunos científicos consideran que con la homeopatía, estamos hablando más de magia que de ciencia.

La homeopatía tiene su raíz en el pensamiento mágico que no responde a principios científicos.

La homeopatía tiene un fundamento mágico -la fuerza vital-, sin base experimental alguna. Su anatomía, fisiología y patología son divagaciones de carácter mágico. La homeopatía está basada enteramente en especulaciones y mitologías y no en evidencia.

Los homeópatas hablan, como los parapsicólogos, de energías desconocidas para la física, estructuras moleculares desconocidas para la química, ondas de frecuencia desconocida para la ondulatoria, fuerzas vitales desconocidas para la fisiología, y sistemas de defensa desconocidos para la inmunología. Lo que deberían hacer los homeópatas es dejar de hablar de supuestos y demostrar la existencia de estas energías, ondas y fuerzas vitales hasta ahora imaginarias.

El uso de “electricidad, rayos X, polos magnéticos” como remedios homeopáticos, es otro ejemplo del carácter mágico de la homeopatía. Además, existen otros remedios homeopáticos a la venta que incluyen cosas tan variopintas como “luz de Marte”, “muro de Berlín” (para los sentimientos de opresión), y “canto de delfín”, entre otras.

Además, fantasear en la homeopatía como recurso salvador después de años de medicina convencional es, también, un pensamiento mágico.

Para ver más creencias en la magia, ver ley de la Similitud,  ley de los Infinitesimales y la memoria del agua.

 

La homeopatía no tiene pruebas científicas


Existe una máxima que dice que cuanto más descabellada es una idea, más argumentos necesita para su demostración (“afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”).

Sin embargo, y como todas las pseudomedicinas, la homeopatía no presenta ninguna prueba de sus teorías, mecanismos o hipótesis explicativas. La que más se acercó fue la del “caso Benveniste”. [Ver “El caso Benveniste”]

Sus premisas no tienen ninguna base experimental ni científica: carece de pruebas empíricas sólidas y no existen principios científicos que consigan explicar su supuesto funcionamiento.

Según la Royal Pharmaceutical Society of Great Britain, los pacientes deberían ser advertidos de que no hay bases científicas para el uso de la homeopatía.

Cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad.

 

Contra “da igual el mecanismo de acción”


Para defender la homeopatía y, ante la evidente falta de pruebas de su mecanismo de acción, es común el argumento de “la aspirina se utilizó durante años sin conocerse su mecanismo de acción”. No obstante, hay una diferencia fundamental entre “no entender el mecanismo de una medicina probada” y “no encontrar ningún mecanismo para un preparado de eficacia no probada”.

Actualmente para comercializar una nueva droga se debe saber el mecanismo de acción antes de autorizarse. No ocurre lo mismo con la homeopatía, que así parece someterse a una “doble vara de medir” a su favor.

 

Actitud de los homeópatas


Los homeópatas rechazan los argumentos en contra de sus principios y los consideran una prueba de arrogancia médica.

En algunos casos los homeópatas llegan a verse como perseguidos, invocando las figuras de Galileo o de

Servet como argumento en favor de su postura. Acusan a los críticos de intransigentes y de inquisidores simplemente por señalar sus graves inconsistencias.

Sus defensores también utilizan con profusión la falacia ad hominem (no pretenden argumentar sino atacar o descalificar al adversario).

 

Contradicciones de los homeópatas


El principio de “individualización” de la homeopatía no concuerda con la producción en serie de preparados y su venta en masa en farmacias. Si el tratamiento es específico para el enfermo, ¿cómo es que hay laboratorios que producen masivos tratamientos homeopáticos? ¿Cómo pueden realizarse experimentos clínicos si, en virtud de la ley de la individualización, es imposible obtener grupos homogéneos de enfermos?

La homeopatía reniega del diagnóstico de las “enfermedades” como tal, sin embargo los remedios homeopáticos que se venden en las farmacias están precisamente indicados para determinadas “enfermedades” (p.ej.: gripe, osteoporosis…), lo que contradice directamente sus principios.

Según el método homeopático no se puede experimentar con animales (Hahnemann hizo una taxativa prohibición al respecto). Pese a ello, han aparecido veterinarios homeopáticos.

 

Un ejemplo: el “oscillococcinum”


Un ejemplo de cómo la homeopatía actúa como una pseudociencia el remedio llamado “oscillococcinum”.

El oscillococcinum es un preparado homeopático que está indicado, según el laboratorio que lo elabora (Boiron), para combatir la gripe y los “estados gripales”, ya sea como preventivo o como curativo.

El descubridor de esta maravillosa pócima fue Joseph Roy, que creyó descubrir en la sangre de las víctimas de la epidemia de gripe de 1917 un microbio: el oscilococo (Roy también detectó el oscilococo en los tumores cancerosos, en los chancros sifilíticos, en el pus de los blenorrágicos, en los pulmones de los tuberculosos, en los enfermos que padecen eccema, herpes, reumatismo crónico, e incluso en sujetos aquejados de paperas, varicela y rubeola).

Roy decidió obtener su bien amado oscilococo del hígado y corazón de los patos de Barbaria. Esta decisión tiene carácter netamente mágico, debido a las connotaciones filosóficas del corazón y del hígado.

El remedio homeopático, bautizado como oscillococcinum, se prepara así:

1.       Se decapita un pato de Barbaria del cual se extrae el hígado y el corazón.
2.       Se ponen entre 35 y 37 gramos de hígado y 15 gramos de corazón del susodicho pato en “incubación” durante 40 días, pasados los cuales los tejidos se descomponen.
3.       Se diluye a la séptima dilución centesimal (7 CH). He ahí el oscillococcinum expendido en nuestras farmacias.

En el oscillococcinum, Roy había visto un remedio contra el cáncer y contra la gripe, e incluso para muchos otros procesos patológicos que forman parte del conjunto que Hahnemann había dado el nombre de psora (sarna).

Actualmente el oscillococcinum expendido en las farmacias ha abandonado todas estas indicaciones reteniendo sólo las de la “gripe” y los “estados gripales”.

Sin embargo, este microbio, el “oscilococo”… ¡no existe!

El éxito antigripal del oscillococcinum está asegurado por cualquiera de estos mecanismos:
  • 1.       Efecto placebo.
  • 2.       Curación espontánea, que es que pasa la mayoría de las veces en estos procesos.
  • 3.       Evitando tratamientos intempestivos y perjudiciales con antibióticos (que nada hacen contra los virus) y anti-inflamatorios.
El oscillococcinum es un remedio homeopático curioso, ya que no ha sido sometido a la “experimentación patogenética”: la creencia en su eficacia reposa únicamente sobre la tradición.

Actualmente no se conoce sustancia antivírica alguna que sea capaz de curar la gripe. Sin embargo, al oscillococcinum no parece importarle esto que, tras “equilibrar la fuerza vital del organismo, produce una inmunización homeopática que acaba con el pernicioso virus sin importar mutación que sufra o cepa a la que pertenezca”. Una verdadera sandez.

Si fuera cierta la efectividad antivírica que se le atribuye al oscillococcinum, no sólo los laboratorios homeopáticos, sino el resto de la industria farmacéutica se hubieran hecho cargo de esa maravillosa sustancia para comercializarla y, así, ganar suculentos dividendos. Y no digamos nada del Ministerio de Sanidad, de la Seguridad Social y de las empresas que anualmente tienen que soportar ingentes gastos  por culpa del virus gripal. A buen seguro que harían campañas para la utilización del oscillococcinum. Nos encontraríamos, en suma, ante un “boom” sin precedentes en la Medicina de nuestro tiempo.

Crítica al concepto de “enfermedad” homeopático

 

Enfermedad, síntomas,  causas y fuerza vital


La homeopatía es una corriente “vitalista” porque postula la existencia de una “fuerza vital”. El vitalismo era, en el siglo XVIII, una de las maneras de entender la enfermedad. La otra era el descriptivismo, que es el que evolucionó en lo que conocemos hoy en día en la medicina científica. El debate del vitalismo ha sido una constante en la historia de la biología y es el fundamento último de muchas de las nuevas terapias que han ido surgiendo a la luz de ideologías tales como la New Age.

La consecuencia lógica de la existencia de la fuerza vital (vitalismo) es que, para los homeópatas, la enfermedad y los síntomas constituyen una misma entidad. Este es el punto de partida básico para el tratamiento homeopático (sin él, la ley de los similares se vendría abajo).

Para Hahnemann intentar conocer cómo la fuerza vital provoca una enfermedad es una empresa inútil: “no hay necesidad de atascarse en argumentos metafísicos o escolásticos acerca de la insondable causa primera de la enfermedad, ese caballo de batalla del racionalista”, dice. La homeopatía, por lo tanto, no reconoce las causas de la enfermedad.

Consecuentemente, el diagnóstico homeopático de una enfermedad se realiza en base a sus síntomas, y no a sus causas primeras. Según esto, dos enfermos con idénticos síntomas deben ser tratados de la misma manera, aunque las causas de sus enfermedades sean distintas. Por ejemplo: un tratamiento para el dolor de cabeza no se preocupará en absoluto de si el dolor de cabeza es una simple cefalea o se debe a un tumor cerebral.

Los tratamientos homeopáticos actúan, por lo tanto, de manera puramente sintomática.

La homeopatía ni diagnostica verdaderamente ni trata causalmente las enfermedades. Nos hallamos ante un mero juego de palabras, es decir, un puro y simple engaño.

 

Enfermedades agudas y crónicas


A pesar de ser inconsistentes con sus postulados, los homeópatas dividen las enfermedades en dos grupos: agudas y crónicas.

Las enfermedades agudas son ocasionadas “por operaciones rápidas de la fuerza vital salida de su ritmo normal, que terminan en un tiempo más o menos largo”.

Las enfermedades crónicas son “poco marcadas, y aun muchas veces imperceptibles en su principio, se apoderan del organismo cada una a su modo, lo desarmonizan dinámicamente, y poco a poco lo alejan de tal modo del estado de salud, que la automática energía vital destinada al mantenimiento de éste, que se llama fuerza vital, no puede oponerse a ellas sin una resistencia incompleta, mal dirigida e inútil, y que no pudiendo extinguirlas por sí misma, tiene que dejarlas aumentar hasta que por fin ocasionan la destrucción del organismo”.

Las enfermedades crónicas “deben su origen a un miasma crónico”. Dentro de las enfermedades crónicas están:
  •  Enfermedades artificiales, ocasionadas por la medicina tradicional.
  • Enfermedades naturales, que son tres: la lúes (sífilis), la sicosis (gonococia) y la psora (sarna).
Esta última (psora) es, para un homeópata, la única causa de la debilidad nerviosa, el histerismo, la hipocondría, la manía, la melancolía, la demencia, el furor, la epilepsia, los espasmos, el raquitismo, la escoliosis, la cifosis, la caries, el cáncer, el fungus hematodes... En suma, la mayoría de las enfermedades tienen su origen en este tipo de proceso infeccioso.

James Tyler Kent (uno de los homeópatas más influyentes a finales del siglo pasado y que estableció la llamada homeopatía clásica) identificó la psora con el pecado original. Es la evidente culminación a un planteamiento moral del origen de la enfermedad (no es casualidad que sean tres enfermedades venéreas el fundamento último de las enfermedades crónicas).

Los homeópatas modernos no pueden presentar este discurso de su reverenciado maestro Hahnemann, por lo que trastocan los términos y los rebautizan con palabras asépticas semánticamente pero que poseen la misma carga ideológica. Pero el resultado es claro: sin estos principios la homeopatía se esfuma.

 

Modificaciones “ad hoc”


Los homeópatas no pueden eliminar estos conceptos tan ridículos y falsos, deben conservarlos pues son la base de la ley de la Similitud y la de los Infinitésimos.

Por eso modifican los conceptos de forma ad hoc (una hipótesis “ad hoc” es un enunciado irrefutable destinado a "blindar" a la hipótesis principal), por ejemplo: los miasmas dejan de ser efluvios nocivos procedentes de la tierra o el aire para convertirse en una alteración dinámica o cualquier predisposición constitucional a la enfermedad. De esta forma salvan el problema y de paso evitan que sea irrefutable por lo vago y general del término. Así, con la psora se puede “referir actualmente tanto a la inmunodepresión como a enfermedades autoinmunes y a la alergia”.


Crítica a los principios de la homeopatía

 

Contra el principio de los similares


La ley de similitud (“lo similar cura lo similar”) que se toma como axioma en la homeopatía, constituye una afirmación no demostrada científicamente, por lo tanto no constituye ni una ley natural ni un fundamento científico válido.

Se trata de un principio teóricamente débil: falla en proporcionar un modelo fisiológico creíble para la acción de los productos homeopáticos. Ésta es la opinión asentada en la comunidad médica.

La ley de la similitud parece estar basado en la “magia simpática”: utiliza un razonamiento por analogía, común en el pensamiento mágico. Que el preparado homeopático produzca síntomas similares a la enfermedad que cura es idéntico al pensamiento del hechicero de que una planta en forma de corazón debe utilizarse para problemas cardíacos, o comer el corazón de un león para obtener su arrojo y bravura.

Realmente, la ley de similitud planteada por Hahnemann no dista mucho de la ley de las “signaturas” planteada en su día por Paracelso, quien aplicaba remedios obtenidos a partir de elementos se parecían físicamente con el órgano afectado. En el caso de Hahnemann, la semejanza de forma pasa a ser una semejanza de síntomas, pero carece de cualquier otra justificación.

La ley de la similitud rescata los viejos conceptos de Amistad y Discordia que ya no tienen sentido en la química moderna.

Esta ley también puede tener su origen en una generalización de un principio que se aplica solo en unos pocos casos.

Examinemos cómo Hahnemann llegó a formular la ley de los similares. Hay dos hechos: la curación de la malaria por la quinina y la aparición de síntomas similares a la malaria si se toman grandes dosis de quinina.

El error aparece cuando se infiere que entre ambos existe conexión causal cuando sólo hay coincidencia relacional entre dos hechos independientes (se trata de una falacia lógica de “post hoc ergo propter hoc”).

Este tipo de razonamiento se llama en lógica “non sequitur”: el hecho de que el remedio A produzca síntomas similares a la enfermedad B no conduce a que A cure B.

La ley de la similitud confunde la enfermedad con sus síntomas y el mecanismo de acción de los medicamentos con sus efectos secundarios (un fármaco no tiene por qué producir síntomas y mucho menos similares a la enfermedad que va a curar).

En resumen, la ley de similitud no deja de ser una hipótesis no demostrada por ninguna investigación fiable, que no es explicada a la luz de la ciencia, y contra la que se pueden presentar muy sólidos argumentos.

 

Contra el principio de los infinitesimales


La ley de los infinitesimales dice que los remedios homeopáticos son más fuertes cuanto más diluidos estén.

Este axioma homeopático contrasta con los postulados de la medicina convencional y la bioquímica, que dicen que cuanto más ingrediente activo esté presente en un medicamento más fuertes serán los efectos fisiológicos (positivos o negativos). La química no conoce sustancia alguna cuya actividad sea mayor cuanto más diluida esté.

Es cierto que con dosis infinitesimales disminuye la toxicidad del preparado -algo que resulta obvio-, pero los homeópatas dicen que, simultáneamente, aumenta su efectividad y rapidez curativa. Y lo dicen sin que esto les parezca una contradicción. Realmente se está confundiendo “menos perjudicial” con “más beneficioso”.

Los remedios homeopáticos, por otra parte, están hechos de sustancias en cantidades demasiado pequeñas como para producir efectos.

La dilución en homeopatía puede llegar a alcanzar tal grado que no quede ni una molécula de la sustancia original, por lo que sus remedios llegan a carecer de ingredientes químicamente activos.

Según las leyes de la química, a partir de la dilución “12 CH” o 1:1.000.000.000.000.000.000.000.000 (1 gota de producto homeopático inicial en 100^12 o 10^24 gotas de agua) no existe el producto físico en el agua que la diluye (esto se puede calcular según el número de Avogadro, que determina el número finito de moléculas de una sustancia).

Todas las diluciones más allá de 12 CH no contienen ni una sola molécula del principio activo.

Por ejemplo, imagina una esfera de agua con un diámetro de 150 millones de kilómetros (es la distancia que hay entre la Tierra y el Sol). La luz tarda ocho minutos en recorrer esa distancia. Imagina una esfera de agua de ese tamaño con una molécula de una sustancia disuelta en ella: eso es una dilución 30 CH. Hahnemann utilizaba diluciones 30 CH para la mayoría de sus propósitos. Lógicamente, al emplear unos pocos miligramos de esa disolución, la probabilidad de encontrar alguna molécula es muy, pero que muy cercana a 0.

Los homeópatas prescriben medicamentos de hasta 5.000CH, muy por encima de los 12CH. Según una publicación de la OMS, se han utilizado ‘con éxito’ potencias de cerca de 100.000CH, es decir, diluciones de 1:10^200.000 (el número de partículas subatómicas del universo es sólo de 10^80).

Esencialmente, la homeopatía es simple agua: la probabilidad de encontrar una sola molécula del principio activo es absolutamente despreciable. Remedios líquidos de alta “potencia” contienen solo agua, remedios en forma de pastilla contienen solo azúcar.

Si tomamos valores de dilución menores, las comparaciones no son tan exageradas, pero con esto se muestra el límite de lo absurda que resulta la ley de infinitésimos. Tan sólo la más baja de las diluciones utilizadas en homeopatía (3DH, equivalente a 1:1000) se acerca remotamente a las cantidades de principio activo que podemos encontrar en cualquier fármaco comercial.

El “principio de los infinitesimales” contradice el sentido común y los resultados científicos, no hay un mecanismo conocido por el cual los remedios puedan funcionar. Cualquier mecanismo de acción basado en la dilución extrema es inverosímil y considerado como insostenible para la mayoría de los científicos que trabajan en este campo.

El  procedimiento de sucesivas divisiones homeopáticas (dilución y “sucusión”) tiene, para cualquier antropólogo, el mismo aspecto que los rituales mágicos de los hechiceros y chamanes. No se dan razones objetivas para fundamentar este mecanismo, simplemente es una nueva inspiración divina del gurú.

Para que la homeopatía reciba consideración científica seria, debe haber una explicación plausible para: cómo una disolución ultradiluida puede tener una actividad biológica específica y mediante qué mecanismo biológico podría reconocerse la naturaleza específica de un remedio.

Para que la ley de los infinitesimales fuese cierta, tendría que ocurrir una de las dos hipótesis siguientes:
  • El número de Avogadro  está equivocado (estaría también equivocada la práctica totalidad de la química moderna).
  • El principio activo modifica no se sabe qué característica del disolvente, que conservaría así las cualidades de aquél. [Ver la memoria del agua]

 

Contra la memoria del agua


Si en los remedios homeopáticos no hay moléculas de la sustancia original, entonces, ¿en qué basarían su presunta efectividad? Según sus practicantes, en la memoria del agua, un misterioso fenómeno que confiere al líquido propiedades cuasimágicas.

La memoria del agua es una hipótesis, no demostrada, sin ninguna base experimental ni científica. No existen pruebas algunas de que el agua tenga ninguna clase de memoria de ningún tipo. La noción de que las ultradiluciones pueden mantener una huella de las sustancias disueltas previamente en ellas, es científicamente inverosímil.

Según los defensores de la homeopatía, el agua solo recuerda lo que a ellos les interesa y no el resto de productos que han estado en contacto con ella.

El agua no surge de la nada, sino que tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas, entra en contacto con miles de sustancias... incluso aquellas a través del desagüe o el retrete. Los homeópatas sostienen que la memoria del agua se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones. ¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella en un momento determinado?

Ningún defensor de la memoria del agua ha explicado cómo el agua es tan selectiva en su memoria que recuerda solo las moléculas que el homeópata ha introducido en algún punto de la historia del agua, olvidando todos los otros billones de sustancias con cuyas moléculas han estado en contacto a lo largo de los milenios, algunas tales como: residuos químicos, orina, metales radiactivos, venenos varios…

Otra pregunta sería: ¿por qué el soluto transmite al disolvente sus cualidades curativas y no su toxicidad?

Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que esa agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo.

El agua ha estado en contacto con millones de sustancias distintas a lo largo de su historia, así que un vaso de agua sería una dilución de casi cualquier sustancia concebible, y por lo tanto, según la homeopatía, serviría como tratamiento para cualquier enfermedad imaginable: algo así como “la multiplicación de los panes y los peces”.

Si la memoria del agua fuese cierta, todos los conocimientos de la reactividad química estarían equivocados. De acuerdo con la química y física oficial, una sustancia o cuerpo puede producir algún efecto sobre otra sustancia o cuerpo, siempre que entre ellos tenga lugar algún tipo de reacción físico-química. Sin embargo, de acuerdo con la hipótesis homeopática, una molécula no reaccionaría con otra tal como creen la química y física modernas, sino que la reacción se realiza en base a no se sabe qué fenómeno físico que, al ser transmisible del soluto al disolvente, no es propio de la sustancia. Si el agua se puede comportar como si fuera no sé qué sustancia que ha estado disuelta en ella en cierto momento, tal cualidad de comportamiento, ¿es propia del agua, de la sustancia disuelta o de ninguna de ellas? ¿Qué sentido tiene entonces la química?

De ser real la memoria del agua, todos los controles de calidad carecerían de sentido, tanto en lo que se refiere al agua potable como al agua de mar en la que se crían moluscos y peces. El líquido conservaría el recuerdo de las sustancias tóxicas empleadas en su potabilización y de todo tipo de microorganismos y metales pesados: no importaría que en el momento del análisis no sobrepasara el límite de bacterias fecales, bastaría con que lo hubiera rebasado una vez en su historia.

El único intento serio para demostrar que el agua tiene memoria fue presentado hace unas décadas por el Dr. Benveniste y posteriormente se dejó claro, más allá de cualquier duda razonable, que se trataba de un estudio fraudulento. [Ver El caso Benveniste]

Muchos remedios homeopáticos se presentan en forma de gránulos o píldoras de sacarosa y lactosa que fueron impregnadas con el agua supuestamente “dinamizada”, pero que acaba evaporándose. ¿Qué queda entonces de la memoria del agua, hay que creer también en la memoria de la lactosa?

 

Contra las “pruebas” de la memoria del agua


Este apartado está dedicado a “contraatacar” algunas de las defensas de la homeopatía, por lo tanto carece de sentido sin conocerlas previamente. Puedes verlas aquí: [Ver Homeopatía: A favor]

Contra el argumento de “recientes investigaciones indican que en ciertas situaciones cuanto más diluida está una sustancia, sus moléculas tienden a permanecer juntas”: Los experimentos sobre sustancias diluidas siempre presentan cantidades medibles de moléculas en la dilución, a diferencia de la homeopatía.

Además, estos estudios sólo investigaron las diferencias entre las moléculas de los grandes polímeros y algunos pequeños monómeros u oligómeros.

Frente a las posibles explicaciones de la “memoria del agua” se plantea lo siguiente:
  • Los isotopólogos del agua están presentes en una relación de concentraciones que solo puede ser alterada por reacciones nucleares, no por un remedio homeopático. Incluso si un tratamiento homeopático pudiera cambiar sus concentraciones, es difícil ver cómo esto pueda resultar en cualidades curativas específicas.
  • El movimiento en el agua líquido se mide en la escala de los “picosegundos” (10^-12 segundos), los supuestos agrupamientos de agua no podrían vivir más que unos pocos picosegundos.
  • Es muy probable la contaminación del agua destilada de iones y gases atmosféricos, pero es difícil ver cómo esto podría tener valor terapéutico.
Los homeópatas incluso llegan a invocar a la mecánica cuántica o a la reciente teoría del caos para justificar lo injustificable.

 

Contra el principio de Individualización


Esta ley (la ley de la Individualización) es la que con más frecuencia ignoran los homeópatas.

Además, permite justificar cualquier posible fracaso de un tratamiento determinado o de un ensayo clínico.

Lo que quiere decir es que los síntomas de una enfermedad son propios de cada persona: no existen cuadros específicos y universales de una enfermedad, sino que los síntomas son únicos en cada enfermo, y por tanto la aplicación del tratamiento es único e intransferible.

Esta individualización extrema tiene varias consecuencias: la primera es que los síntomas comunes a muchas enfermedades carecen de importancia (según Hahnemann: “los síntomas generales y vagos, como la falta de apetito, el dolor de cabeza, la languidez, el sueño agitado, el malestar general,… merecen poca atención porque casi todas las enfermedades y medicamentos producen algo análogo”). Para realizar un diagnóstico correcto homeopáticamente hay que realizar una lista exhaustiva de la sintomatología pero, debido a la Ley de la Individualización, fijándose en aquellos que sean los más sorprendentes, originales, inusitados y personales: hay que considerar muy especialmente cosas tales como el gusto por la música sacra o el comer cebollas.

En el diagnóstico se tienen en cuenta una serie de características que la mayoría de las veces no tienen nada que ver con sus dolencias y que en ocasiones llegan al absurdo, como el color de sus ojos, la postura que adopta en la cama para dormir, si se ensucia mucho o poco la ropa o los sueños que haya tenido últimamente.

La segunda consecuencia es que no se puede desarrollar un estudio científico de la enfermedad, no es posible la patología. Si el tratamiento de la enfermedad es exclusivo para cada enfermo no se puede ni clasificar las enfermedades, ni administrar medicamentos universales, ni realizar ensayos clínicos. Entonces, ¿Por qué funciona la farmacopea? Es en este punto donde la homeopatía es contradictoria consigo misma. [Ver Contradicciones]

 

Contra la farmacología homeopática


A la luz de la farmacología moderna existe una serie de objeciones a la homeopatía:
  • No existe una farmacodinamia homeopática que explique cómo actúa la ley de similitud.
  • No se explica de qué forma actúan, ni cómo lo hacen, ni cómo son eliminados por el organismo los medicamentos homeopáticos.
  • La homeopatía no explica cuales son las formas farmacéuticas indicadas para cada caso, ni explica por qué. Además no existen estudios sobre las vías de administración recomendables.
  • Todas las investigaciones sobre la ley de similitud se limitan a señalar estadísticamente los efectos positivos de los fármacos y no su modo de acción. 


Crítica a la efectividad de la homeopatía

 

La homeopatía no funciona


Los homeópatas han tenido más de 200 años para probar sus ideas y han fallado en hacerlo: aún está por demostrar la eficacia del método homeopático ante las exigencias vigentes en la medicina académica.

Es cierto que la homeopatía carece de efectos secundarios, pero tampoco tiene efectos curativos: no produce efectos, ni negativos ni positivos. No puede haber ningún efecto farmacológico: en realidad, no contiene nada.

Los efectos de los supuestos remedios de la homeopatía son comparables al funcionamiento de un coche sin motor o a un falso certificado de la bolsa de valores. Su eficacia se reduce a casos muy concretos donde las causas de tal éxito no han sido claramente dilucidadas.

La homeopatía tampoco es eficaz en niños. Muchísimas dolencias infantiles mejoran con el paso del tiempo y algunas llegan a desaparecer con la llegada de la adolescencia. Muchos padres llegan a creer que el asma o los cólicos de su hijo desaparecieron gracias a la homeopatía, sin darse cuenta de que en los niños que no reciben ningún tratamiento específico (o solo un tratamiento para el alivio de los síntomas) estas dolencias también desaparecen.

En muchos países la homeopatía no está incluida en la medicina pública porque no ha demostrado ser efectiva. En aquellos países de nuestro entorno que sí la incluyen en la sanidad pública se viene pidiendo repetidamente, desde ámbitos científicos y médicos, que deje de financiarse a favor de tratamientos demostrablemente eficaces.

Por ejemplo, en 2009, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes británica protestó contra el gasto de millones de libras públicas en tratamientos homeopáticos sin efectividad demostrada.
Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía.

Científicamente hablando, no podemos asegurar la no existencia del pretendido efecto curativo homeopático. Pero sí negamos la existencia de pruebas que lo avalen, y, por tanto, tampoco se justifica la terapia que de ella se deriva.

Si hay algún efecto positivo de la homeopatía en la salud no es debida al remedio homeopático, que es inerte, sino a los mecanismos naturales de curación del organismo, a la creencia del paciente (el efecto placebo) o al efecto que el homeópata tiene en el paciente. [Ver La homeopatía es un efecto placebo y ¿Por qué “cura” la homeopatía?]

 

El “suicidio homeopático”


La forma más fácil de demostrar la inutilidad de la homeopatía es el “suicidio homeopático”.

Una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta por que las aseguradoras del país incluyeran la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal (y, por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos) de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente... No les pasó nada.

En el “suicidio homeopático”, muchas personas críticas con la homeopatía se reúnen para tomarse una dosis miles de veces superior a la recomendada según el prospecto para demostrar que es totalmente inocuo (no tiene efectos).

 

La homeopatía es un efecto placebo


Para entender mejor este apartado: [El efecto placebo].

El “efecto placebo” es una variable con la que se cuenta antes de sacar al mercado cualquier fármaco. En los ensayos clínicos, se administra a una parte de los sujetos el nuevo medicamento y a otra, una sustancia inocua con el mismo aspecto (un “placebo”). Ni el experimentador que la da ni el individuo que la recibe saben si lo que tienen entre manos es el fármaco o el placebo (es lo que se conoce como “estudio doble ciego” y persigue que las expectativas de los participantes no contaminen los resultados).

Por norma, un medicamento tiene que ser más efectivo que un placebo, algo que no sucede con los productos homeopáticos: la homeopatía no ha sido capaz de demostrar por medios objetivos una efectividad específica, es decir, mayor que la del efecto placebo. La homeopatía es un efecto placebo.

La homeopatía sí que hace sentirse mejor a algunos pacientes. Sin embargo, esta satisfacción es aquella inducida por la sugestión, al dar esperanzas o al aliviar la ansiedad, no por la efectividad del fármaco, y por lo tanto no demuestra la eficacia de la práctica homeopática.

Si la homeopatía se integrara en la Sanidad pública, perdería la mayor parte de su efectividad, ya que con consultas de minutos se reduciría el efecto placebo que suponen las sesiones habituales de una hora o más a cada paciente.

Un argumento en defensa del “funcionamiento” de la Homeopatía viene dado por la suposición de que, en los estudios realizados con animales, no es posible la manipulación ni el efecto placebo. Sin embargo, lo cierto es que dichos estudios son tanto o más manipulables que los efectuados en humanos, y que el efecto placebo es perfectamente constatable y reproducible en los animales. Esto es así porque los cuidadores tienden a pensar que el animal mejora aun cuando no existe realmente un tratamiento ni una mejora relacionada con él. Los cuidadores y veterinarios pueden verse influenciados de igual forma. Lo mismo ocurre con los niños pequeños.

Además, no hay suficientes indicios que apunten a que los animales tratados homeopáticamente mejoren en el desarrollo de sus enfermedades ni siquiera considerando el efecto placebo antes mencionado. Tampoco los estudios realizados en niños utilizando productos homeopáticos han demostrado ser más eficaces que el efecto placebo.

Como los remedios homeopáticos no funcionan mejor que los placebos, no es necesaria una elaborada explicación de cómo funcionan. Lo que necesita una explicación es por qué tanta gente está satisfecha con su homeópata a pesar de todas las pruebas de que la homeopatía es inerte y no más efectiva que un placebo.

 

¿Es malo usar placebos?


Desde diversas áreas se ha criticado el uso de la homeopatía incluso como tratamiento placebo, pues entonces habría que mentir a los pacientes, lo que va en contra de la ética médica.

Cuando los médicos prescriben placebo, se arriesgan a dañar la confianza que existe entre ellos y sus pacientes. Para que el paciente pueda realizar una verdadera elección, debe ser suficientemente informado como para entender las implicaciones de los tratamientos. En el caso de la homeopatía, probablemente requeriría una explicación de que se trata de un placebo. Cuando no se hace así, la elección del paciente carece de significado. Cuando se hace, la eficacia del placebo (homeopatía) disminuye.

En 2010, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Casa de los Comunes británica concluyó sobre homeopatía que: Para mantener la confianza del paciente, la libre elección y la seguridad,  el gobierno británico debería parar la aportación de fondos para la homeopatía en el NHS (National Health System, la sanidad pública británica), dejar de prescribir placebos y los  médicos no deberían mandar a sus pacientes a los homeópatas.

A su vez, propusieron que los farmacéuticos deberían eliminar los medicamentos homeopáticos de sus estanterías, para evitar ser confundidos con medicinas.

 

¿Qué dicen los estudios científicos?


La homeopatía ha sido el tema de al menos 12 revistas científicas, incluyendo estudios metaanálisis y revisiones sistemáticas de artículos, publicados desde mediados de los 80, y los resultados son muy consistentes: los remedios homeopáticos no son eficaces, no funcionan mejor que un placebo.
El NHS reconoce que ha habido 200 estudios controlados evaluando la homeopatía, y han probado tener dificultad para producir evidencia clínica de que la homeopatía funciona.

Por supuesto, hay pequeños estudios que han encontrado diferencias estadísticamente significativas entre grupos tratados con remedios homeopáticos y grupos control, pero ninguno de ellos ha sido replicado o se han tenido en cuenta sus fallos metodológicos.

En 1991 un metaanálisis de 105 ensayos homeopáticos reconoció que la mayoría mostraba resultados positivos, pero la mayoría de ellos tenían una calidad metodológica baja. Los ensayos sobre homeopatía han sido mayoritariamente pequeños y defectuosos, careciendo de controles adecuados y de medidas resultado objetivas.

Los efectos positivos de los fármacos homeopáticos están en el umbral de percepción del investigador, son mínimos, no reproducibles y pobremente controlados. Estos resultados ligeramente positivos se atribuyen a la casualidad, porque apenas son medibles.

Además, la mayoría de estos ensayos “positivos” han sido financiados por empresas dedicadas a la industria del medicamento homeopático (por ejemplo, Boiron). ¿Por qué hacen falta estudios independientes? Para asegurarnos que el interés económico no sea el que promueve el estudio.

Los estudios grandes y de gran calidad tienen a mostrar poco o ningún efecto significativo en la homeopatía. Nunca un ensayo de una mínima calidad ha producido resultados claros a favor de la eficacia de la homeopatía.

Comparando 110 estudios homeopáticos controlados con placebo con otros 110 estudios convencionales, se encontró que cuanta mayor calidad tenían, mostraban resultados cada vez menos positivos (tanto los homeopáticos como los de fármacos convencionales), sin embargo, en los estudios homeopáticos de la mayor calidad posible no se encontraban resultados a favor, mientras que en los de fármacos, sí.

Los efectos beneficiosos de los remedios homeopáticos disminuyen cuando los estudios se hacen con mejores métodos experimentales o con una mayor cantidad de individuos. Esta disminución es lo que se espera cuando el tratamiento estudiado no funciona. Los homeópatas, sin embargo, se concentran en los estudios que muestran efectos positivos y hacen un hincapié en la “necesidad de mayores estudios”. Hay mayores estudios: son negativos.

El hecho de que los ensayos pequeños tienden a mostrar resultados positivos mientras que los más grandes tienden a no mostrar efectos se atribuye al “sesgo de publicación”: los pequeños estudios con resultados negativos o inconclusos no suelen publicarse, por considerarse poco interesantes.

Una forma rápida de saber en qué estado está actualmente el conocimiento de la materia es acudir a las revisiones de la “Cochrane Collaboration”, que recopilan toda la literatura científica que hay sobre un tema y evalúan unificadamente sus resultados, ofreciendo dictámenes más robustos que los artículos por separado. En la Biblioteca Cochrane encontramos sobre homeopatía:
  • Uso de homeopatía para el tratamiento del síndrome de déficit de atención. Conclusión: actualmente hay pocas pruebas de su eficacia.
  • Uso de homeopatía para el tratamiento del asma crónico. Conclusión: no hay suficientes pruebas para evaluar el posible papel de la homeopatía en el asma crónico.
  • Uso de homeopatía para el tratamiento de la gripe y síntomas asociados. Conclusión: las pruebas actuales no apoyan un efecto preventivo de las medicinas homeopáticas.
  • Uso de homeopatía para inducir el parto. Conclusión: no hay suficientes pruebas como para recomendarlo.
  • Uso de homeopatía para tratar efectos adversos de tratamientos contra el cáncer. Conclusión: los estudios sobre este tema deben ser replicados.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha anunciado que los preparados homeopáticos no constituyen un remedio en contra de la malaria, el sida o la tuberculosis. Tampoco, dicen, funciona como tratamiento para la diarrea en infantes.

Como veis, los estudios se dividen en dos grupos: los que han demostrado que no funciona y los que no han demostrado que funcione.

No es necesaria mayor investigación en homeopatía. Ha habido pruebas en abundancia sobre la homeopatía mostrando que no es eficaz. No es posible ver cómo se puede justificar más investigación sobre el tema.

Tendríamos que tener un gran número de estudios con resultados positivos muy contundentes para que pudieran contrarrestar los estudios negativos actuales.

Tener una mente abierta es una cosa, esperar eternamente las pruebas es más parecido al pensamiento milagroso.

Cuando aparezcan esas evidencias a favor y sean examinadas con la misma rigurosidad que se examina cualquier otra cosa, entonces y solo entonces podremos decir que tenían razón y pedir disculpas. Mientras tanto, el escepticismo es sinónimo de prudencia y las evidencias en contra son tan altas que lo prudente es no creerse nada mientras no se demuestre lo contrario. El día que se publiquen las evidencias a favor de la homeopatía seré el primero en aplaudirles por ser pioneros y haber visto un paso más allá que la humanidad.

Si la homeopatía fuera cierta todos íbamos a salir ganando. Pero eso hay que demostrarlo con el método científico, y eso es lo que hay que buscar.

Cuando se les exige que cumplan la metodología que elabora el método científico, los homeópatas se enfadan y te acusan de ser promotor de una supuesta “ciencia oficial”. La ciencia tiene su manera de proceder. Si quieres poner el adjetivo “científico” detrás del sustantivo “estudio” debes cumplir los preceptos.

No hay dos tipos de ciencia, convencional y no convencional: solo hay ciencia. Los homeópatas pretenden ser la excepción a uno de los preceptos fundamentales de la ciencia: la prueba con grupo control y placebo.

Hay buenas razones por las que la ciencia utiliza estudios controlados: evitar falacias post hoc como la falacia regresiva, evitar el riesgo de la modificación no intencionada de los resultados por el experimentador, poder separar el falso efecto placebo del efecto único del remedio, etc. Los homeópatas piden lanzar conclusiones sobre sus tratamientos basados en sus impresiones subjetivas y métodos de prueba diseñados para ellos mismos.

De hecho, los estudios negativos en cuanto a eficacia de la homeopatía no se pueden atribuir a una “incompatibilidad” con la metodología vigente, porque es posible desarrollar métodos a la vez válidos y que atiendan a las especificidades de la práctica homeopática.

 

La homeopatía no cura enfermedades graves


Otro de los argumentos en contra de la homeopatía es que no puede curar, por sí sola, enfermedades serias.

La homeopatía suele centrarse en enfermedades que no son graves, pero sí muy molestas. Es más certera en enfermedades de tipo psicosomático, y sus tratamientos (de por sí altamente indefinidos) van orientados normalmente a determinados cuadros sintomáticos o a molestias indefinidas de carácter crónico.

Sin embargo, la homeopatía es ineficaz en trastornos de carácter muy concreto: traumatismos, infecciones, paradas cardiorrespiratorias, arritmias…

Además, la homeopatía tiene una visión muy parcial de la terapéutica, olvidándose de las acciones profilácticas, paliativas, consecutivas, fortificantes, etc...

 

¿Por qué “cura” la homeopatía?


Gran parte del éxito de la homeopatía radica en que sus practicantes dedican mucho tiempo y mucho interés a cada enfermo. Hay un amplio grupo de personas que necesita información y mucho mimo, más que un producto complejo. Es lo que hacen los homeópatas.

El homeópata puede dedicar una hora o más a cada paciente, y es posible que esto tenga un efecto calmante significativo en algunos pacientes: en otras palabras, la homeopatía es una forma de psicoterapia.

¿Por qué a veces el método homeopático “cura” las enfermedades? No es debido al remedio homeopático, sino a otras variables que expondré a continuación.

El estrés puede potenciar e incluso causar enfermedades. Si un sanador tiene un efecto calmante en el paciente, eso puede resultar en un cambio significativo en el sentimiento de bienestar del paciente, y ese sentimiento puede traducirse en efectos fisiológicos beneficiosos. En el terreno de los males crónicos mal definidos es en el que mejor funcionan las medicinas alternativas, dado que estos son más sensibles al efecto placebo y a la relación humana entre el enfermo y el sanador.

En cuanto a los cuadros sintomáticos, sin infección conocida o definida, se trata por lo general de procesos con un ciclo temporal de evolución breve y conocido, y que depende básicamente del sistema inmunológico. En otros casos, estos cuadros responden a problemas psicosomáticos, de carácter depresivo o ansioso, cuya solución puede no depender en absoluto del producto homeopático en cuestión.

Es además muy frecuente en este tipo de procesos que el paciente simultanee el tratamiento farmacológico con el homeopático, en la creencia de que el segundo acelera y potencia el efecto del primero, y atribuyendo posteriormente la curación al homeopático, en el cual tiene mayor confianza.

Por lo que se refiere a los problemas crónicos, éstos afectan por lo general al ciclo del dolor. Suele tratarse de problemas en las articulaciones, afecciones reumáticas y similares. Resulta frecuente en estos casos, sobre todo en dolores prolongados por golpes o distensiones musculares, que el médico haya recetado al paciente algún analgésico más o menos fuerte, que le produzca problemas gástricos y una sensación de cansancio y decaimiento. Si, en esta situación, abandona el tratamiento para seguir uno basado en productos homeopáticos, el solo abandono del analgésico elimina la sensación de apatía, hecho que influye positivamente en la ruptura del ciclo del dolor, máxime si el paciente cree en el beneficio del producto homeopático suministrado.

Todos estos casos, igual que otros muchos estudiados a fondo y que no superan el índice estadístico atribuible al efecto placebo, suponen ejemplos de curaciones o mejorías perfectamente explicables sin necesidad de suponer una relación directa entre las mismas y el producto homeopático suministrado.

Son muchos los casos que se cuentan de diagnósticos errados por parte de médicos titulados, que posteriormente han sido corregidos por terapeutas alternativos, y entre ellos los homeópatas. Igualmente, son muchos los casos de supuestas curaciones de enfermos crónicos o desahuciados, por parte de los homeópatas. Entrar en una análisis concreto de cada uno de estos casos es imposible, pero se pueden realizar una serie de comentarios generales al respecto:
  • Toda esta casuística no ha sido ni está siendo examinada por medio de un control estadístico serio, por lo que la mayoría de los casos que se citan tienen como única fuente el propio testimonio de los pacientes supuestamente curados.
  • La existencia de un diagnóstico equivocado por parte de un médico de la sanidad pública, que sea luego corregido por un homeópata, sea o no médico titulado, no es un argumento a favor de la homeopatía como disciplina médica, sino en todo caso un argumento a favor de ese terapeuta en concreto, y sobre todo en contra del médico que erró el diagnóstico. Pero ese problema debe ser analizado y resuelto desde otra perspectiva, por la autoridad competente y de acuerdo con los mecanismos de regulación interna dentro de la sanidad pública y de la organización médica colegial.

 

“A mí me funciona”


La mayoría de los casos que se citan a favor de la homeopatía tienen como única fuente el propio testimonio de los pacientes supuestamente curados. Esta dinámica es muy frecuente en todo tipo de terapias no aprobadas oficialmente, y ha sido repetidas veces causa de polémica (por ejemplo en el caso de los “magnetizadores de agua” o “pulseras de equilibrio”).

Un caso polémico basado en testimonios personales y avalado por los medios de comunicación fue el supuesto médico Stephen Turof, quien realizó gran número de curaciones por imposición de manos ante las pantallas de Tele 5. Una de las pacientes había sido supuestamente curada de un glaucoma, pero posteriormente se demostró la falsedad de tal afirmación, denunciando el bochornoso espectáculo ofrecido por el programa.

Cuando sólo existe ese tipo de argumentos, hay que ser muy cauteloso y crítico a la hora de examinar la veracidad de las afirmaciones.

Frente al argumento de “a mí me funciona” o “a Fulanito le funciona”, hay que recordar los conceptos de “Efecto placebo” y Regresión a la media, además de otras secciones anteriores de [Crítica a la efectividad de la homeopatía].

 

¿Pacientes satisfechos?


El hecho de que los usuarios de la homeopatía estén satisfechos con su terapéutica no prueba que dicha terapia sea eficaz más allá del efecto placebo.

Además, el argumento a favor de la homeopatía de que “los usuarios están satisfechos” no considera a los no usuarios que precisamente han abandonado la homeopatía por ineficaz.

Contraargumentación a la defensa de la homeopatía

 

La vacunación no se parece a la homeopatía


Uno de los argumentos utilizados con frecuencia por los defensores de la homeopatía es que la medicina científica utiliza una técnica conceptualmente similar a la homeopatía: la vacunación. La comparación es absolutamente inadecuada, y los defensores de la homeopatía no conocen (o no quieren conocer) la diferencia existente. Se trata simplemente de un sofisma por falsa analogía.

La vacunación consiste en forzar al cuerpo a fabricar defensas contra una enfermedad infecciosa (por ejemplo, virus o bacterias). Se inoculan en el organismo estos mismos agentes infecciosos (o un “trozo” de ellos) para que el cuerpo humano construya “anticuerpos” específicos que los ataquen. Estos patógenos que se inoculan han sido debilitados previamente (si no, se produciría una enfermedad), y son utilizados como un “entrenamiento” de las defensas del cuerpo. Cuando aparezcan dichos virus o bacterias “de verdad”, el cuerpo tendrá suficientes anticuerpos para combatirlos.

Este proceso vacunación se explica al margen de un “principio de los similares”. La comparación entre ambas técnicas, y mucho más su asimilación, carece absolutamente de sentido, por una serie de razones.

En primer lugar, la vacunación no es nunca un método curativo, sino meramente preventivo.

En segundo lugar, el sistema inmunológico se conoce casi a la perfección, y éste no responde a síntomas fisiológicos, sino a la presencia física y real de un antígeno específico.

Es necesario que, a diferencia de la homeopatía, el antígeno se inocule en cantidades suficientes para ser detectado por el sistema inmunológico. Tanto en el caso de haber contraído una enfermedad infecciosa, como en el caso de una vacunación, es posible detectar la presencia del anticuerpo específico en el suero sanguíneo. Sin embargo, tras un tratamiento homeopático, no se puede detectar la presencia de ningún anticuerpo ni sustancia alguna que pueda tener una función inmunitaria, y cuya presencia pueda achacarse directamente al tratamiento.

Evidentemente, el antígeno debe administrarse en una forma tal que no sea nociva para el organismo.

Mediante ingeniería genética es posible conseguir cepas bacterianas idénticas a las originales, pero con el gen productor de la toxina bloqueado o eliminado, lo que las hace incapaces de producir enfermedad alguna. Mantienen sin embargo su especificidad, por lo que serán reconocidas por el sistema inmunológico como agentes invasores nocivos.

Pero el bloqueo de su cualidad nociva no puede realizarse por simple disolución, ya que perderíamos la capacidad de detectarlo. Y, a pesar de los esfuerzos de Jacques Benveniste [Ver El caso Benveniste], no se ha podido comprobar una respuesta inmunológica cuando el antígeno se encuentra altamente diluido.

Se pueden resumir los puntos en contra de esta asimilación de vacunación y homeopatía tal como sigue:

1.       La vacunación utiliza gérmenes específicos, no síntomas.
2.       Muchas moléculas inorgánicas que utiliza la homeopatía no producen respuesta inmunológica.
3.       Las altas diluciones no tienen sentido en vacunación.
4.       Los remedios homeopáticos tienen dosis mucho más bajas. Las vacunas producen una respuesta inmune medible (por ejemplo, la producción de anticuerpos), y los remedios no.
5.       La vacunación es muy eficaz como terapia preventiva, pero normalmente no tiene sentido como terapia curativa.
6.       Lejos de responder al equilibrio de una supuesta “fuerza vital” la vacunación está basada en un mecanismo perfectamente conocido y estudiado.


Argumentos históricos

 

Críticas a Hahnemann


Hahnemann dijo que la mayoría de las enfermedades crónicas eran causadas por “miasmas” (algo parecido a una contaminación). El peor de los miasmas era la “psora”.

Anteriormente, Hahnemann había desarrollado la teoría, propuesta en su ensayo “Sobre los efectos del café a partir de observaciones originales” (1803), de que muchas enfermedades son causadas por el café.

Hahnemann abandonó posteriormente la teoría del café a favor de la teoría de que la enfermedad está causada por la “psora”, pero se ha notado que la lista de condiciones que Hahnemann atribuyó al café era similar a su lista de condiciones causadas por la psora. La teoría del café ha sido descrita como “un buen ejemplo tanto de los poderes mentales superiores de Hahnemann como de su tendencia ocasional de construir grandes teorías a partir de pruebas insuficientes”.

Hahnemann supuso que la enfermedad crónica resulta de una invasión del cuerpo por uno de los miasmas a través de la piel. El primer signo de enfermedad es siempre, por lo tanto, un trastorno en la piel de algún tipo. Sin embargo, no existe absolutamente ninguna prueba de la teoría miasmática, y parece haber sido el resultado de algún tipo de revelación divina.

Hahnemann creía que “es inherentemente imposible conocer la naturaleza interna de los procesos de enfermedad, y por lo tanto es infructuoso especular sobre ellos o basar tratamientos en teorías”. Tampoco tenía explicación de cómo o por qué sus remedios “potenciados” podían funcionar: desconfió de las explicaciones teóricas y argumentó que todo lo que importaba era si un tratamiento era efectivo o no.

De hecho, los remedios de Hahnemann no fueron diseñados para ayudar al cuerpo a luchar contra una infección ni a reconstruir tejido, sino para ayudar a que funcionase la magia del espíritu vital.

Hahnemann llegó a decir que no era necesario que sus pacientes se tomaran su medicina homeopática entera, sino que era suficiente con que la olieran.

Las ideas de la Ley de los Similares y el hecho de que los remedios homeopáticos sólo deberían ser recetados en dosis individuales, sin mezclar, parecen ser conclusiones de Hahnemann basadas en la intuición o en la revelación: nunca experimentó con pacientes para ver qué remedios funcionaban mejor con qué enfermedades o por qué solo funcionaban los remedios únicos y no las mezclas.

 

Quinina y ley de similitud


En el siglo XIX la fiebre no era, tal como hoy se sabe, un síntoma común a muchas afecciones distintas.

Para Hahnemann y sus coetáneos la fiebre estaba caracterizada como una única enfermedad, de la que la elevación de temperatura corporal era su síntoma directo. Cuando, al administrarse dosis de quinina,
Hahnemann experimentó un aumento de su temperatura corporal, interpretó que estaba padeciendo los síntomas propios de la fiebre, como enfermedad, no que dicho síntoma, asociado a otros muchos, puede ser indicativo de múltiples y muy distintas enfermedades.

De hecho, se ha deducido de las anotaciones de Hahnemann que era alérgico a la quinina.

 

En el siglo XIX la ciencia no estaba avanzada


La homeopatía surgió cuando importantes conceptos de la química y la biología moderna eran entendidos pobremente, en el mejor de los casos.

En la época de Hahnemann, muchos químicos creían que la materia era divisible infinitamente, no se conocían los átomos ni las moléculas. Ahora sabemos que una disolución 12CH solo tendrá aproximadamente una molécula de remedio por litro.

Tampoco se conocían, por ejemplo, los virus y bacterias como causantes de muchas enfermedades. La gente moría de enfermedades que hoy en día tienen fácil cura gracias a la medicina basada en el método científico.

 

Función histórica de la homeopatía


La homeopatía tiene sentido desde un punto de vista histórico, ya que en la época de Hahnemann los médicos hacían más mal que bien, y la medicina alternativa de Hahnemann era más humana y causaba menos daño que muchas de las prácticas convencionales de su tiempo.

En esa época la ciencia médica académica se conformaba con aplicar terapias equivocadas a partir de doctrinas abstractas, mientras que Hahnemann proclamaba un arte curativo “natural”. Se llegó al punto en el que algunos médicos aseguraban que “la mejor medicina consiste en no hacer nada”.

A partir de mediados del siglo XIX la terapéutica convencional utilizó los conocimientos de la biología y la química, identificando la causa de muchas enfermedades como agentes infecciosos, utilizando datos estadísticos y métodos experimentales. Cuando los avances médicos permitieron el desarrollo de técnicas curativas menos agresivas que las enfermedades, este nihilismo médico dejó de tener sentido, y la homeopatía comenzó a declinar. En el siglo XX la homeopatía fue lentamente olvidada, hasta su relativamente reciente resurrección.

La situación actual de la medicina es radicalmente distinta a la de la época de Hahnemann.

 

El caso Benveniste


Sólo una persona ha ganado en el mundo dos premios Ig Nobel, galardones con los que se distinguen anualmente las investigaciones más insólitas y ridículas. En la segunda categoría, fue reconocido doblemente, en 1991 y 1998, el biólogo francés Jacques Benveniste, que murió en 2004 sin ver admitidos por la ciencia sus dos grandes hallazgos: que el agua tiene memoria y que esos recuerdos pueden transmitirse por la línea telefónica e Internet.

El 30 de Junio de 1988 apareció publicado en la prestigiosa revista científica Nature un artículo firmado por el equipo de Jacques Benveniste, exponiendo una serie de experimentos sobre “degranulación de basófilos disparada por anticuerpos muy diluidos” (la dreganulación de basófilos es un proceso típico en una reacción alérgica).

En el experimento, se ponían en contacto preparados de glóbulos blancos (células inmunitarias) con suero de cabra cada vez más diluido en agua destilada, y se comprobaba si los reaccionaban con los anticuerpos. Se obtuvo como resultado que la respuesta de los basófilos a los anticuerpos fluctuaba en función de la concentración de estos. A determinadas concentraciones la actividad prácticamente desaparecía, reapareciendo a concentraciones menores. Tal respuesta se daba incluso en niveles en los que la probabilidad de encontrar una sola molécula de anticuerpo en la disolución era casi cero.

Esto equivale a decir que el agua es capaz de recordar la presencia de una sustancia disuelta en ella después de que no exista ni una molécula de esa sustancia (lo que se llamó posteriormente “memoria del agua”).

La explicación propuesta por Benveniste en el mismo artículo es que la información específica de una sustancia se trasmite en el proceso de agitado de la disolución al agua. Ésta actuaría como un molde para la molécula, bien mediante una red indefinida de enlaces por puente de hidrógeno, bien mediante campos eléctricos o magnéticos.

En el editorial de dicho número, se comenta que no hay una explicación objetiva para estas observaciones y que ni siquiera la explicación ofrecida al final del artículo es suficientemente convincente para nadie. El motivo de la publicación del artículo en Nature es permitir que miembros destacados de la comunidad científica puedan descubrir fallos o agujeros en el planteamiento, o sugieran nuevas experiencias que permitan validar las conclusiones.

Si se aconsejaba suspender temporalmente cualquier juicio sobre este asunto, no era porque Benveniste estuviera sugiriendo un fenómeno nuevo, sino porque sus sugerencias atacaban abiertamente en su raíz a dos siglos de observación y racionalización de los fenómenos físicos. El principio de restricción que se aplica aquí es simplemente que, cuando una observación inesperada requiere que una parte sustancial de nuestra herencia intelectual sea desechada, es prudente preguntarse con más cuidado que de costumbre si las observaciones pueden ser incorrectas.
 
Tal como había pactado Nature con Benveniste una comisión intentaría repetir en su mismo laboratorio los resultados del artículo. Esta comisión estaba encabezada por John Maddox, el director de 'Nature', viajó hasta el laboratorio del científico, en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (INSERM) francés, y detectó graves fallos metodológicos en las pruebas, que invalidaban los resultados y los hacían irrepetibles. Sus resultados fueron, básicamente, que no existía razón para suponer los efectos pretendidos en el artículo de J. Benveniste. Este hecho fue respaldado por otros muchos investigadores independientes que intentaron repetir los experimentos de Benveniste, sin ningún resultado positivo.

Además, descubrieron que varios miembros del equipo estaban pagados por los Laboratorios Boiron, la multinacional francesa de la farmacopea homeopática. El mismo Benveniste, ya unos años antes, había sido miembro del consejo de administración de otra empresa similar. Estos intereses económicos son capaces de “justificar” cualquier falso resultado. Además, todos los experimentos que dieron resultados positivos se realizaron por o en presencia de E. Davenas, una de las doctoras pagadas directamente por Boiron. Los experimentos en los que la “memoria del agua” ha podido ser supuestamente observada han sido realizados por amigos y colaboradores de Benveniste. Los demás han dado resultados negativos. Desde 1988, muchos científicos han intentado replicar los experimentos de Benveniste sin éxito.

La edición de Julio de 1989 de la revista Nature reportó que el INSERM francés había puesto a Benveniste en periodo de prueba siguiendo una evaluación rutinaria de su laboratorio. Aunque el INSERM encontró que las actividades del laboratorio eran en general ejemplares, expresó un serio disgusto con sus estudios sobre altas diluciones, y le criticó por "un análisis insuficientemente crítico de los resultados reportados, el carácter arrogante de las interpretaciones que hacía de ellos, y el uso abusivo de su autoridad científica cuando informaba al público". En 1990 fue despedido del INSERM.

Su intento de justificar teóricamente la homeopatía quedó en mero intento, y hoy día sus argumentos no son aceptados por ningún miembro de la comunidad científica, o al menos por ninguno que no esté pagado por algún laboratorio homeopático.

Por otro lado, hay que respetar el derecho y la libertad de investigación, siempre que los métodos utilizados entren dentro de lo éticamente aceptable.

Un principio complementario del de la memoria del agua y también descubierto por Benveniste fue que los recuerdos del líquido pueden transmitirse por teléfono. En 1997, le valió a Benveniste su segundo premio Ig Nobel.

Defensa de la medicina científica

 

Defensa de la ciencia


El espíritu científico se opone al dogmatismo. Ignora la noción de una verdad absoluta, que no pertenece sino al terreno de la religión. Todo nuevo resultado, toda teoría presentada para explicar un resultado exige mayor investigación y experimentación.

Para la ciencia, todo efecto tiene una causa, independientemente de que en un determinado momento sepamos cuál es ésta. Todo el método científico va orientado a conocer la naturaleza en base a las relaciones causa-efecto, o al menos a modelizarla, de manera que nos permita utilizar las causas en nuestro beneficio, y predecir sus consecuencias. Así, en el caso de la medicina científica, ésta tiende a conocer todos los procesos que ocurren dentro del organismo, a fin de conocer las causas de los males, y describir aquellos tratamientos que puedan atacar a la propia causa o a sus síntomas según las posibilidades o la conveniencia.

La diferencia entre medicina científica y homeopatía no estriba solo en el tratamiento, sino también en la filosofía y el método.

 

¿Qué hace la medicina científica?


La actitud científica en medicina empezó en el siglo XIX, orientada al estudio de las causas de las enfermedades, al estudio de los fármacos, la búsqueda de principios activos y la posibilidad de sintetizarlos, la farmacodinamia, la toxicología, etcétera.

En contra de la idea de que las enfermedades tienen una causa interna, constitucional  y de susceptibilidad, los médicos consideran que la mayoría de las enfermedades están causadas por una combinación de causas externas (virus, bacterias, toxinas, deficiencias en la dieta, lesiones físicas) y disfunciones fisiológicas (defectos genéticos, mutaciones que originan el cáncer). La medicina convencional intenta eliminar esas causas, aunque también ofrece medicamentos para suprimir las molestias de una enfermedad (por ejemplo, los analgésicos) o para aumentar la resistencia del organismo mediante mecanismos específicos como la inmunización (vacunas).

La medicina científica utiliza, en ocasiones, tratamientos sintomáticos, pero no únicamente. Los distintos tipos de tratamientos se recetan en función del tipo de afección, de su gravedad, del conocimiento empírico y científico de sus causas y del de sus posibles remedios.

El problema de fondo es que se confunde la Medicina Clínica con el conjunto de la medicina. La Medicina Clínica es puramente práctica, no es una ciencia sino una serie de técnicas destinadas a tratar la enfermedad que se encuentran subordinadas a la Patología y otras ciencias básicas. Por eso el médico clínico no necesita conocer ni la estructura ni el mecanismo de acción de los diferentes fármacos para administrarlos. Esto lo convierte en un blanco perfecto para terapias que no poseen un sustrato teórico bien fundamentado o, simplemente, que carecen de él, como es el caso de la homeopatía. Su comportamiento puede resumirse en la frase “lo uso porque funciona”. Por eso, los “éxitos” de la homeopatía son clínicos, no patológicos.

 

Fallos de la medicina científica


Se acusa frecuentemente a la medicina oficial, especialmente a la sanidad pública, de ser impersonal y estar masificada.

La tendencia a la hipertecnificación de la medicina no acaba de cubrir todas las necesidades del paciente.

Cuando va al médico, la gente quiere que la curen, pero también que la escuchen, que atiendan sus necesidades emocionales. El homeópata puede dedicar una hora o más a cada paciente, eso no puede hacerse en la Seguridad Social. Los médicos tradicionales también curarían más a sus enfermos en los ambulatorios si les concedieran 30 minutos en vez de los 5 o 10 habituales.

Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada.

La solución a los problemas que nos han llevado a esta situación debería ir encaminada a conseguir una medicina pública menos masificada y más humanizada. Debería encaminarse hacia un concepto que, capitalizado por los terapeutas alternativos, tampoco es original suyo: la medicina holística. Una medicina que trate al enfermo, y no sólo la enfermedad.

Esto exige tanto un incremento en la dotación presupuestaria a la sanidad, como cierto cambio de mentalidad entre los profesionales de la medicina, o una reestructuración de su trabajo profesional. Los pacientes demandan un trato más general y personalizado, mientras los avances en la medicina científica exigen una cada vez mayor especialización por parte de los profesionales de la misma. Un proceso reduccionista dentro de la investigación médica no siempre es fácil de compatibilizar con un ejercicio clínico holístico.

La situación actual del sistema sanitario público es consecuencia directa del proceso de socialización llevado a cabo en los países desarrollados, y que garantiza una sanidad pública y gratuita para todos los ciudadanos. Las únicas soluciones al problema de la masificación pasan por aumentar la dotación presupuestaria a la sanidad (cosa que no siempre es posible en la medida deseada) o por suprimir la gratuidad de la sanidad pública.

Además, el hecho de que exista este problema no quiere decir que no tenga solución. La sanidad pública es mejorable, y debe mejorarse. La crítica en este sentido va dirigida a un problema de carácter básicamente organizativo, a cómo se desarrolla un servicio, y no al servicio en sí. Es discutible la forma en que se ejerce la medicina en los centros públicos, pero no qué medicina se ejerce, y mucho menos si debe o no existir una medicina pública.

En esta crítica se confunde el ejercicio concreto de la medicina en los centros de salud dependientes de la administración, con la metodología de investigación y tratamiento utilizada por la medicina científica, y que es desarrollada en centros de salud públicos y privados, y en multitud de laboratorios de todo el mundo.

Es un error de concepto muy grave (y muy frecuente). En muchos centros públicos, la atención médica y personal al paciente es excelente, a pesar de los problemas de masificación que pueda sufrir, y por otro lado existen numerosos hospitales privados con pocas camas y selecta atención a los pacientes por parte del personal, con intenso apoyo psicológico-afectivo, y en los que la medicina que se ejerce no deja de ser por ello, rigurosa, moderna y científica. El problema de estos centros es que son privados, y por tanto no son gratuitos, punto este común a todas las terapias no oficiales. ¿Dónde está el beneficio?

 Es cierto que la medicina actual está sobrecargada y despersonalizada, pero sigue sin ser un argumento válido en contra de la medicina científica y a favor de la homeopatía (o cualquier otra terapia similar).

 

¿Por qué triunfan las “terapias alternativas”?


Ante la masificación de la sanidad pública, y ante el deseo por parte de los pacientes de ser, al menos, correctamente atendidos, surgen todo tipo de terapias alternativas. No hay que olvidar que, para muchos pacientes, especialmente los de carácter crónico, una necesidad fundamental es la de ser escuchados por un terapeuta que, de alguna forma, establezca una cierta empatía con ellos. En estos casos, consultas como la de un homeópata pueden ser, y de hecho son una solución a su problema concreto.

Existe en la sociedad actual un temor y una angustia creciente hacia problemas como el dolor o la muerte.

Ante el dolor, la medicina científica no está siempre libre de “traumatismos”, y la analgesia y anestesia no siempre pueden ser absolutas. Las medicinas alternativas ofrecen siempre remedios inocuos, no contraindicados en ningún caso, sin efectos secundarios... Esto no siempre es verdad, pero siempre se vende así.

En lo que se refiere al miedo a la muerte, un paciente desahuciado se agarra a un clavo ardiendo, a cualquier persona o método que le proporcione unas mínimas expectativas. Mientras la medicina científica evita garantizar una improbable curación, los terapeutas alternativos no rechazan normalmente este recurso, jugando con la esperanza y el dinero del paciente. Esto conduce a curiosas paradojas. En el caso de que suceda espontáneamente una improbable (que no imposible) curación, el paciente sanado atribuirá al curandero (u homeópata) su actual salud, reforzando la creencia de que el médico (aquél que le dijo que probablemente no sanaría) es un incompetente y un mal profesional.

Aun inmersos en una civilización altamente tecnificada, vivimos en una sociedad mágica. Se teme a la ciencia y a la técnica, quizá porque no se las comprende, y quizá alarmados por las conclusiones de novelistas y cineastas de ciencia ficción. Se acepta con más facilidad lo inexplicable que lo explicable. Resulta más fácil creer que comprender. La diferencia básica entre la medicina científica y las terapias alternativas radica en su filosofía, más que en su efectividad. Estas terapias están íntimamente relacionadas hoy día con movimientos filosófico-espirituales, de carácter orientalista y “cósmico”, dentro de la llamada Nueva Era (New Age).

Otra de las razones de la prevalencia de la homeopatía es el desconocimiento general de las causas de la enfermedad y cómo el cuerpo humano se enfrenta a ella. Además, las personas que la utilizan o que han oído hablar de ella suelen definir la homeopatía como una “medicina natural”, aunque este término es vago e impreciso.

 

¿”Alopatía”?


El término “alopatía”, con el que frecuentemente se refieren a la medicina científica, procede de una mera contraposición al término “homeopatía”, y supone una generalización de los planteamientos simplistas en los que se basa la homeopatía.

Para los homeópatas, sólo existen dos formas de atacar a una enfermedad: con lo mismo, “por simpatía”, mediante aquello que se orienta en la misma dirección que el mal, y con el contrario, “por antipatía”, mediante aquello que se opone al mal directamente. Ellos optan por curar con lo mismo (homeo = parecido, similia similibis curantur), y suponen que la medicina oficial opta por curar con lo contrario (alos = distinto, contraria contrariis curantur).

Esta distinción, que podía ser válida en las teorías hipocráticas e incluso en las mantenidas hace dos siglos, carece totalmente de sentido en el marco de una medicina desarrollada a la par que la tecnología e investigación modernas, y en el marco del método científico.

El término “medicina alopática” es erróneo, ya que los recursos terapéuticos que se utilizan no se buscan entre los que provocan síntomas opuestos a los del paciente, sino lo único que importa es la verificación de los efectos mediante procedimientos objetivos: “diversa diversis curantur”, es decir, los efectos no tienen nada que ver con la similitud o disimilitud entre fármaco y enfermedad.

Legislación homeopática

 

Categorías legales de los productos homeopáticos


¿Cómo se regulan los remedios homeopáticos? ¿Qué dicen las leyes al respecto?

La legislación española regula los medicamentos homeopáticos a través de la ley del medicamento (25/1990) y el Real Decreto 2208/1994 sobre medicamentos homeopáticos de origen industrial.

Según estas normativas, todos los productos homeopáticos quedan divididos en tres grupos:
  1. Medicamentos de origen no industrial, fabricados como fórmulas magistrales o preparados oficinales.
  2. Medicamentos homeopáticos de fabricación industrial y especificidad terapéutica.
  3. Medicamentos homeopáticos de fabricación industrial sin especificidad terapéutica.
El primer grupo está formado por los medicamentos preparados de forma específica por un farmacéutico para un paciente concreto, de acuerdo con las indicaciones del facultativo. Estos  son los únicos productos “realmente” homeopáticos.

El segundo grupo incluye a los preparados homeopáticos de fabricación industrial que estarían, en principio, reñidos con la teoría homeopática, que sostiene que la diagnosis debe realizarse en función de los síntomas, que son de alguna forma “personales e intransferibles”. [Ver: Contradicciones de los homeópatas]

Ahora bien, una cosa es la legislación, y otra la realidad. Para las especialidades farmacéuticas, tanto la ley del medicamento (25/1990) como el Real Decreto 767/1993 sobre evaluación y autorización de los medicamentos, establecen claramente que deben ser eficaces para las indicaciones terapéuticas para las que se ofrecen. Sin embargo, todavía no existe ningún estudio clínico serio y concluyente que avale la eficacia de los productos homeopáticos.

Por otro lado, la autorización de una especialidad farmacéutica exige la presentación, entre otra documentación complementaria, de estudios referentes a la toxicidad, farmacodinamia y farmacocinesis de dichos medicamentos. Ninguno de estos aspectos puede ser referido en un medicamento homeopático.

De aquí podemos concluir que, siendo estrictos con la ley, no es posible la fabricación industrial y comercialización de productos homeopáticos con especificidad terapéutica.

Así, los medicamentos homeopáticos deberían comercializarse sin especificidad terapéutica alguna, ya que ésta es exclusiva de las especialidades farmacéuticas autorizadas.

Los productos “sin especificidad terapéutica” entrarían en el último grupo de los 3 comentados anteriormente, y que está regulado a través del Real Decreto 2208/1994.

Realmente, su categoría industrial y sanitaria coincide con la de los productos dietéticos o cosméticos, es decir, que no son especialidades farmacéuticas. Sin embargo, en este caso la ley establece un espacio intermedio entre ambas categorías (entre fármaco y producto dietético/cosmético), reservado a estos productos de pretendida capacidad terapéutica, pero sin una indicación concreta. Se les exigen, por un lado, todos los controles sanitarios pertinentes que garanticen su inocuidad.

 

Controles que debe cumplir un medicamento homeopático


Los remedios homeopáticos están sujetos a menos restricciones en su regulación que los fármacos convencionales, que deben demostrar pruebas adecuadas de seguridad y eficacia. Por el contrario, cualquier sustancia puede convertirse en remedio homeopático.

En lo que respecta a etiquetado, sus condiciones son casi idénticas al caso de las especialidades farmacéuticas, con el añadido de indicar expresamente en el envase los términos “Medicamento homeopático” y “Sin indicaciones terapéuticas aprobadas”. Tampoco tienen que identificar sus principios activos dado que tienen muy poca cantidad, o ninguna en absoluto.

Con el fin de garantizar la inocuidad y seguridad del preparado, se exige que la máxima concentración de tintura madre en el preparado final sea 2CH, o una parte en 10.000. Eso permite que no sea necesaria la prescripción facultativa en ningún caso, pues la presencia de cualquier sustancia activa es insignificante.

En lo que respecta al control de eficacia, el decreto establece expresamente que “se aplicarán los criterios generales y se seguirá el procedimiento administrativo establecido en el Real Decreto 767/1993, de 21 de mayo, excepto los que se refieren a la demostración de la eficacia terapéutica”.

Es decir, se puede fabricar y comercializar un preparado homeopático sin tener que justificar que sirva para algo, o incluso siendo conscientes de que no sirve para nada, y pueden funcionar sólo como placebos.

Sencillamente, se trata de una forma de permitir la existencia de tales medicamentos, con un estatus particular distinto de cualquier cosmético, pero exigiéndole los mismos controles sanitarios. Si se les exigiera la misma eficacia que a las especialidades farmacéuticas, habría que prohibirlos por ineficacia. Si se los asimilara a los productos cosméticos o dietéticos, no tendría sentido su existencia comercial como “paramedicinas

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) no ha autorizado aún ni un solo producto homeopático, si bien hace la vista gorda en cuanto a su venta.

En la actualidad existe un vacío legal que permite que médicos y personas que no lo son, incluso que carecen de titulación alguna, puedan prescribir homeopatía. Es este doble rasero lo que permite la aparición de engaños y fraudes como los denunciados por el National Council Against Health Fraud (William Jarvis, 1995).

La situación legislativa es una trasposición de la normativa de la Unión Europea, y se debe a las presiones de los laboratorios fabricantes de remedios homeopáticos, pero buena parte de la popularidad de la homeopatía entre la clase política y entre muchos ciudadanos es debida simplemente al desconocimiento de su inutilidad como terapia.

 

Intrusismo


Otro de los problemas que presenta la homeopatía a nivel legal es que hay mucho intrusismo profesional.


No se sabe muy bien cómo se preparan los especialistas en esta terapia. A veces son másters o cursillos; otras, ramas de posgrado de Medicina.

Por un lado, son varios los colegios médicos que se inclinan a regular la homeopatía como especialidad médica. Entre ellos habrá quien lo haga convencido de su validez como terapia. Pero no hay que olvidar que en esta decisión se pone en juego el enorme capital que mueven las llamadas terapias alternativas, tanto en consultas como en productos. Además, una vez regulada como especialidad médica, cualquier homeópata no licenciado en medicina podría ser denunciado por intrusismo profesional, cosa que hoy no ocurre.

Por otro lado, una gran cantidad de nuevos terapeutas alternativos son licenciados en medicina que, ante el oscuro panorama profesional que se les plantea, y teniendo en cuenta las pocas plazas disponibles en el sistema MIR con relación al número de titulaciones anuales, deciden realizar un breve curso sobre el tema en cuestión y montar su propia consulta, consiguiendo en poco tiempo pingües beneficios.

Consecuencias negativas de la homeopatía


Si los tratamientos homeopáticos no conllevan efectos secundarios ni iatrogenias, ¿por qué suponen un problema? ¿No se puede dejar que existan sin más? ¿Qué mal hay en tomar homeopatía, si no hace daño?

 

Iatrogenias


Aunque no sean demasiadas, sí se han descrito iatrogenias en tratamientos homeopáticos. Así, por ejemplo, en el verano de 1992 saltó a la prensa la noticia de que 21 argentinos fallecieron como consecuencia del consumo de un producto homeopático, un jarabe elaborado a partir de Propóleos, y comercializado por el laboratorio Huilen. En aquel caso, el Propóleos había sido disuelto en etilenglicol, en vez de serlo en etanol. El etilenglicol es letal.

 

Abandono del tratamiento médico


En medicina se puede hacer daño al paciente por acción u omisión. En homeopatía seguro que no por acción, porque no hay efectos secundarios, pero si no se realiza un diagnóstico claro, se puede entretener el problema y demorar su tratamiento.

Aparte de demorar su tratamiento, existe el peligro de que los pacientes reúsen la medicina convencional, con consecuencias serias para la salud. Muchos pacientes deciden abandonar sus tratamientos médicos por productos homeopáticos.

Resultan muy frecuentes los casos de enfermedades graves ante las que el paciente, preocupado o molesto por una falta de mejoría, acude al médico alternativo abandonando el tratamiento prescrito inicialmente. Cuando más tarde, en ausencia de mejoría o tras una recaída, vuelve a su médico de cabecera o al especialista, el abandono del tratamiento ha resultado crucial, y se ha perdido un tiempo precioso. Esta pérdida de tiempo, en algunos casos, puede resultar fatal.

Por una parte, al menos desde el punto de vista científico, cuando la salud y la calidad de vida de una persona están en juego, no tiene sentido entrar en espiritualismos baratos. No estamos hablando de poesía.

Se han registrado unos 40 casos de muerte por renunciar a terapias efectivas a favor de la homeopatía y cerca de 400 que han sufrido nuevas enfermedades o empeoramiento de las mismas.

Los pacientes que confían por completo en las técnicas homeopáticas y rechazan la medicina convencional se arriesgan a abandonar los tratamientos de enfermedades fácilmente tratables.

La preocupación es mayor cuando los pacientes renuncian al tratamiento para enfermedades serias (por ejemplo, antiinflamatorios y broncodilatadores para el asma, tratamientos para algunos cánceres de piel) o no reciben tratamientos preventivos establecidos (como las vacunas o los fármacos antimalaria).

 

Un ejemplo: malaria


Una encuesta en Reino Unido reveló que los homeópatas recomendaban a los viajeros tomar remedios homeopáticos contra la malaria, en vez de tomar los medicamentos antimalaria convencionales. Incluso un director de un hospital homeopático en Londres condenó esto, diciendo que: “no hay absolutamente ninguna razón para pensar que la homeopatía funcione en prevenir la malaria, no existe ningún libro de texto o revista sobre homeopatía donde ponga esto, la gente puede incluso morir de malaria si hacen caso a estos consejos”.

Los profesionales de la Salud Pública consideran irresponsable la crítica de los homeópatas a las vacunas, puesto que los beneficios de la vacunación son mucho mayores que sus riesgos.

 

Problemas metodológicos, científicos y médicos


El problema de aceptar oficial o socialmente la homeopatía, conlleva serios problemas metodológicos, científicos y médicos, que a la larga pagaremos todos.

Mantener terapias sin base científica, como la homeopatía, y aceptarlas como válidas, es un grave error metodológico dentro de la investigación científica, que puede suponer un freno y un retraso grave en dicha investigación, e implicar, a la larga, grandes sumas en inversiones y subvenciones.

Si, ante determinados problemas a los que la homeopatía puede proporcionar soluciones satisfactorias, suponemos que este tratamiento es el correcto, bloqueamos un área muy amplia e importante de la investigación médica, como es el estudio de los mecanismos del dolor, de la conexión psicosomática, de los mecanismos de influencia de la mente y el estado anímico en los procesos curativos y en la activación y bloqueo de determinadas funciones fisiológicas, neurofisiológicas o endocrinas.

Aceptar la homeopatía, incluso dando por ciertos sus éxitos clínicos, supone un error metodológico, porque su base teórica y formal es totalmente inaceptable, limita el avance experimental y teórico, y restringe la investigación a un campo puramente empírico sin garantías de éxito.

El único camino aceptable científicamente consiste en analizar las supuestas curaciones obtenidas por homeópatas, todas las curaciones por efecto placebo y todas las remisiones espontáneas de enfermedades.

A partir de ellas, indagar en los mecanismos fisiológicos que subyacen a tales curaciones, analizarlos y comprenderlos. Sólo con este método estaremos en el camino adecuado para comprender el íntimo funcionamiento del organismo, y para estudiar y conseguir nuevas técnicas terapéuticas rigurosamente científicas, que no necesariamente impliquen altas inversiones en investigación y comercialización de fármacos.

 

Otros peligros


Cada persona es libre de tomar lo que quiera o incluso a rechazar tratamiento médico, pero también tiene derecho a estar informada y a no caer en tratamientos milagrosos que no pueden curar. La desinformación que propagan los homeópatas puede ser, y es, muy dañina para los pacientes.

Otro peligro potencial de la homeopatía es el autodiagnóstico y autotratamiento (diagnosticarte a ti mismo la enfermedad que padeces, en vez de acudir al médico), con los problemas que eso conlleva.

Crítica a la industria homeopática

 

¿Homeopatía VS industria farmacéutica?


Parte del encanto que tienen las disciplinas escondidas bajo la denominación “alternativo” viene de la lucha contra el sistema malvado que pretende hacerse rico a costa de engañar a la población. Se basan en que a las farmacéuticas solo les interesa medicar y medicar y están en contra de este tipo de medicamentos que representan una especie de salvación a la carta contra el malvado capital.

Pero… de qué trata precisamente la homeopatía? ¿No es acaso el negocio perfecto vender agua pura a precio de oro?

Muchos defensores de la homeopatía dicen que la industria farmacéutica está en contra de la homeopatía. No parecen entender que la homeopatía forma parte de la industria farmacéutica y también existen importantes multinacionales, con muchos miles de millones facturados al año, dedicadas al negocio de la homeopatía. Algunas compañías fabricantes de productos homeopáticos pertenecen a multinacionales farmacéuticas, así que sus intereses no son contrapuestos, sino todo lo contrario.

Que las farmacéuticas tampoco son unas santas y viven de esto, de hecho hay quien señala que el marketing de las farmacéuticas provoca que la gente sana se crea enferma. Pero eso forma parte de otro debate y además, redunda en la falacia: si unos quieren lucrarse, los otros quieren crear un nuevo pastel para ellos solitos.

Las farmacias son negocios y han encontrado una forma fácil de hacer dinero amparadas en una legislación ambigua y en la permisividad de las autoridades sanitarias.

El precio de los medicamentos homeopáticos es desmesuradamente alto si se compara con sus costes de fabricación y la práctica ausencia de gastos de investigación y desarrollo por las compañías que los producen.

Que lucrarse es muy lícito oiga, siempre que se haga en los límites de la legalidad y la ética. Y no sé a vosotros pero a mí vender agua pura con poderes milagrosos me parece muy poco ético.

Además, quien proclame que la homeopatía no se estudia debido a oscuros intereses farmacéuticos, se equivoca, en vista a la gran cantidad de artículos científicos que tratan la homeopatía (por ejemplo, en PubMed).

 

Presión de los homeópatas


Si la homeopatía no ha sido capaz de demostrar su eficacia en más de 200 años y sus bases de funcionamiento son totalmente infundadas y contradictorias con los principios fundamentales de la química y la física, a menudo cabe preguntarse por qué en muchos países la práctica homeopática se incluye en la sanidad pública, destinando fondos del estado a los tratamientos de este tipo.

Las actuaciones públicas responden muchas veces antes a presiones sociales y económicas que a verdaderas razones justificadas y fiables.

El auge de la homeopatía se puede explicar por las oportunidades de ganancia económica que ofrece la medicina alternativa, que empiezan a ser comparables con las de la medicina convencional. También hay fuertes presiones para que los seguros públicos de salud sufraguen también los gastos en terapias de este tipo, motivadas por su creciente popularidad.

En la actualidad existe una fuerte presión por parte de laboratorios y médicos homeopáticos, tanto en nuestro país como a en el resto de Europa, por obtener el reconocimiento del sistema desarrollado por Hahnemann.

Las presiones del lobby homeopático son, curiosamente, a nivel político tratando de saltarse los controles de calidad científicos.

Comentarios

  1. Le he dado un primer vistazo a esta última entrada. Ya leí los argumentos a favor, y de hecho toda la serie dedicada a la homeopatía. Quiero nuevamente felicitarte por tu extensa investigación. Me agrado intensamente que colocaras la información per se, y entonces con esa entrada dedicada al pensamiento crítica, que cad quien saque sus conclusiones e investigue más. Lo leeré con detenimiento. Algunas cosas no estoy muy de acuerdo, pero eso es lo que se quiere fomentar, el pensar por sí mismo. Una vez más felicidades

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  2. Le he estado echando un ojo y pinta bien, para la próxima publícalo poco a poco xD. ¡Felices fiestas!

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  3. Muchas gracias Efraín, un placer volver a tenerte aquí.

    Ya te lo dije, Luis, esto es "poco a poco" xD Solo que este artículo en contra (en general, todos los 4) es muuuuuy largo xD ¡Felices fiestas!

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  4. Muchas gracias por dedicarte a hacer esto, me has ayudado mucho con un trabajo muy importante que tenía que hacer. De verdad, muchas gracias.

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  5. Acabo de descubrirte, he leido tambien "a favor" y "en contra". Me encanta como encaras la cuestion, es el mejor contraste esceptico que he leido, y he leido mucho. Diria, de hecho, que me alegro de leer por fin a un "esceptico" y no a un "detractor".

    Soy medico (licenciado en medicina) especialista en medicina de familia y en homeopatia. Comparto muchas de las criticas que haces en el articulo "en contra", de hecho muchos homeopatas con un perfil mas cientifico y critico nos sentimos incomodos con los argumentos de homeopatas "radicales" (algunos de ellos medicos) que tienden a ser dogmaticos y a ofrecer argumentos pobres o trasnochados.
    Creo que habria que diferenciar entre medicamentos homeopaticos (con sus particularidades y que se pueden utilizar de diferentes formas, no necesariamente "individualizando") y Homeopatia (como una de las formas de usarlos, que incluye un abordaje holistico y una prescripcion individualizada a la que se puede llegar de diferentes maneras, i.e. escuelas).
    Tambien habria que diferenciar entre las teorias y argumentos historicos (que muchos homeopatas aun defienden a pesar de la contradiccion con los avances de la ciencia) y las teorias y argumentos modernos. Estos ultimos hay quien los ve una forma de camuflar los conceptos historicos (asi lo expresas tu mismo) pero reflejan un interes en adaptar lo que aprendimos como homeopatas a lo que sabemos como medicos y cientificos convencionales. Este esfuerzo nace de intentar conciliar un convencimiento basado en la experiencia y algunos estudios con nuestra vocacion y habito cientifico. Cuando prescribo medicamentos homeopaticos lo hago convencido de que es la mejor opcion, al igual que cuando prescribo medicamentos convencionales, cirugia, cambios de habitos o terapia psicologica.
    No intento convencerte de nada, al contrario quiero agradecerte nuevamente tu esfuerzo y decirte que me ayuda a la hora de enriquecer mis puntos de vista. Eres la clase de esceptico con quien me encantaria tomar un largo cafe y a quien me encantaria proponer para dar un curso de escepticismo a muchos compañeros homeopatas!
    Lo dicho: gracias, buen trabajo, y si quieres ese cafe hazmelo saber (seria mas facil en Madrid, esos si).
    Te seguire!

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  6. Muchas gracias Anónimo por tus sinceras palabras de aliento, celebro que te haya gustado mi forma de encarar la controversia sobre homeopatía, y veo muy razonables tus pensamientos al respecto.

    Lamentablemente viajo a Madrid como mucho una vez al año, así que no será posible ese café, pero agradezco igualmente el ofrecimiento, espero que encuentres otras cosas que te interesen en este blog :)

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  7. Podrías agregar esta opinión? Gracias
    http://escepticoscreyentesylahomeopatia.blogspot.com.ar/

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