You don't miss your water...



"You don't miss your water till the well runs dry"
"No echas de menos el agua hasta que se seca el pozo", de la canción de Craig David: "You don't miss your water", vídeo aquí:


Todos conocemos la expresión "no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes". La entrada de hoy no es debida a que haya perdido algo, a que el pozo se haya secado. El pozo está lleno de agua, pero muchas veces no sabemos valorarlo, y por eso escribo.

Todos hemos experimentado pérdidas en nuestra vida. Pequeñas y grandes, nos han ocasionado sufrimiento. En esos momentos hemos deseado con fuerza volver a disfrutar de lo que nos ha sido arrebatado. Una persona, una relación, un fruto de nuestro esfuerzo, un estado de salud, una alegría. El pozo ha perdido su precioso líquido, y anhelamos retenerlo, pese a que sabemos que no volverá.

A veces el disgusto es pasajero, y las cosas vuelven a marchar bien. Y entonces lo celebramos. Somos dichosos por recuperar nuestra agua. Otras veces es permanente y buscamos consuelo. Cuando lo superamos, prometemos centrarnos en las cosas importantes de la vida y no dejarnos preocupar por pequeñeces. A un amigo que ha vuelto se le perdonan los errores, a un cojo que vuelve a andar no le sabe igual dar un paseo por el parque. Si la muerte nos ha visitado, la vida se ve con otros ojos: estrechamos lazos, expresamos nuestras emociones reprimidas u olvidadas, damos gracias por respirar. ¡Respirar! Algo tan banal...

Pero olvidamos. Somos seres costumbristas. Vuelta a la normalidad, dejamos que lo que fue acogido con alegría alguna vez se convierta en algo habitual, monótono, normal, nada especial, rutinario... Cuando el pozo lleva tiempo lleno, nos empezamos a fijar en que algunas piedras tienen grietas, vuelven las preocupaciones por nimiedades, retornamos a las quejas y al pesimismo, al estrés, al cabreo. Lo normal.

Da la sensación de que, en los peores momentos, aprendemos lecciones vitales muy importantes... pero luego las dejamos escapar entre las manos y volvemos a ser los de antes. Eso es triste. Deberíamos poder seguir viviendo valorando nuestro agua.

Somos felices o infelices por comparación. Es algo relativo. El cojo que anda es mucho más feliz (unas 2000 veces) que el que está acostumbrado a ello y no le da importancia, y así con todo. Además, tenemos poca memoria, en seguida olvidamos que alguna vez fuimos infelices por no tener algo que tenemos ahora. 
Podemos hacer un experimento mental.

¿Qué ocurriera si mañana, al ir a coger agua al pozo como de costumbre, lo encontráramos seco?
¿Cómo nos sentiríamos si perdiéramos la visión? ¿Y si nuestros padres antaño felices se separaran? ¿Y si nuestros hijos nos rechazasen? ¿Y si nuestros amigos nos traicionaran? ¿Y si nos atropellara un coche y nuestras piernas quedaran paralizadas? ¿Y si nuestro amor cayera enfermo? ¿Y si no hubiéramos entrado en la carrera o el trabajo que nos gusta? ¿Y si nuestros ahorros se esfumaran y tuviéramos que vivir en la calle? ¿Y si nos diagnosticaran enfermedad terminal? ¿Y si se la diagnosticaran a nuestra pareja, a nuestro amigo, a nuestra amiga, a nuestro padre o madre, hermana o hermana? Repito... ¿cómo nos sentiríamos?

Visualicémoslo durante unos minutos. Sintamos la angustia, la desesperación, el miedo, la frustración.

Ahora abramos los ojos y miremos alrededor. Tal vez algo de lo anterior no sea solo una fantasía, y nos ocurra en realidad... pero no todo. Tal vez seamos ciegos, pero tenemos familia. Tal vez no tengamos familia, pero tenemos gente que nos quiere. Tal vez tengamos que estudiar mucho para la asignatura de Farmacología (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia), pero... vamos, hombre, menuda pequeñez al lado de todo por lo que estar agradecidos.

Ya que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, ¡perdámoslo! (en nuestra imaginación), y empezaremos a fijarnos en todas aquellas pequeñas y grandes cosas que nos hacen felices.


Me gustaría hacer un inciso aparte. Es cierto que, frente a nuestros problemas, no debemos perder la perspectiva y recordar que somos afortunados por todo lo que tenemos. Y también es cierto que nuestros problemas son reales, y que merecen ser tratados como tal. Si nos quedamos en paro, no se trata de decir ¡No pasa nada, tengo salud! Sí, si pasa. Estar en paro es un problema real que debemos afrontar. No debemos amargarnos por ello (pese a que una reacción emocional negativa es normal y debemos dejarla aflorar), y pensar en la mejor forma de solucionarlo. 

Como ya escribí hace tiempo, (Las felices historias de Pepe, Juan y Pepe Juan) se trata de ser como Pepe Juan (suficientemente pesimista para ver los problemas, y suficientemente optimista para afrontarlos lo mejor posible): tampoco nos pasemos y vivamos ignorando lo que pase a nuestro alrededor (como Pepe el sobre-optimista).


Aquí va otro paréntesis. Cuando sintamos la recuperación de una pérdida (sea real o imaginaria si hacemos el experimento), probablemente nos llenará un sentimiento de gratitud. De la gratitud hablaré en mi próxima entrada.


Un saludo para una futura taekwondista y muchos ánimos para el Equipo de Rescate de Gato Rojo, a quien deseamos enviar desde este blog todo nuestro apoyo y soporte logístico para vencer a los enemigos de la paz y de los peluches.


PD: os recomiendo la canción "You don't miss your water" y otras muchas del fantástico artista Craig David.

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