El tiempo del miedo



La democracia tiene miedo de recordar, 
y el lenguaje tiene miedo de decir. 
Los civiles tienen miedo a los militares. 
Los militares tienen miedo a la falta de arma. 
Las armas tienen miedo a la falta de guerras. 
Es el tiempo del miedo. 


Es el tiempo del miedo, lo guía el gris de este suelo,
miedo de otros hombres por su raza o por su credo. 
Tenemos miedo a triunfar, miedo del fracaso, 
de andar entre callejones donde se oyen pasos. 

Miedo a lo desconocido, miedo a vernos deprimidos, 
a darnos por vencidos, perder los seres queridos. 

Miedo a que nos quiten algo, miedo a caer mal, 
a ver cada vez más cerca el día del funeral. 

Miedo a que una bomba nuclear nos queme en el acto, 
a que cerca del hogar pueda explotar un artefacto. 

Miedo a perder el trabajo, miedo a coger un atajo, 
a que nuestros hijos reciban un navajazo. 

Miedo intermitente cuando el ambiente es urgente, 
cuando vez que alguien se gira y te mira fijamente. 

Miedo a estar eternamente en paro, 
miedo a aquel que va en el autobús, sentado a tu lado, vistiendo raro. 


Miedo, que nos atrapa y nos convierte en víctimas, 
así amenaza nuestra propia identidad, 
tan asustados queriendo apartar, 
lo que pueda atar nuestro bienestar. 
Vivimos en un mundo rápido, hicimos del temor un hábito, 
intenso pálpito, presos de un esquizo vértigo. 
El miedo es el veneno que nos matará. 


Tenemos miedo al cambio, y a la inseguridad, 
miedo al infarto del miocardio, miedo a la soledad. 

Tenemos miedo a la muerte, tenemos miedo a la vida, 
miedo a ser inferiores, no cumplir la expectativa. 

Miedo a nuestros pensamientos, a espacios abiertos, 
miedo a tener algo que esconder y ser descubiertos. 

Tenemos miedo al recordar el pasado, 
miedo del futuro si el presente nos tiene cansados. 

Miedo a no ser aceptados por el resto, miedo a nuestro estrés, 
miedo a ser víctimas de un secuestro exprés. 

Miedo a que llegue la noche, miedo a dejar de ser joven, 
miedo a comprar un buen coche y que nos lo roben. 

Miedo a que el CO2 provoque cáncer en el globo, 
miedo a que un tsunami arrase con todo. 

Miedo al apagón que nos encierre como larvas, 
miedo a perder la calma, miedo a las casas sin alarmas. 


Miedo, que nos atrapa y nos convierte en víctimas, 
así amenaza nuestra propia identidad, 
tan asustados queriendo apartar, 
lo que pueda atar nuestro bienestar. 
Vivimos en un mundo rápido, hicimos del temor un hábito, 
intenso pálpito, presos de un esquizo vértigo. 
El miedo es el veneno que nos matará. 


Quién quiere conocer el miedo. 
El miedo mata a la mente. 
El miedo es la pequeña muerte que crece 
hasta llevarnos a la destrucción total. 
Afrontaré mi miedo. 
Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. 
Y cuando haya pasado, seguiré firme mi camino. 


Miedo a que nos diagnostiquen enfermedad terminal, 
miedo a tener que dormir sin Valium ni Lorazepam. 

A trazar un plan que luego falle, 
miedo de que aquellos que no tienen miedo vengan y nos callen. 

Miedo a tener sueños sin saber a dónde irán, 
miedo al qué dirán, miedo al radical talibán de Irán. 

Miedo a ser un Don Nadie, miedo a ser un líder, 
a que un virus se propague por el aire y nos liquide. 

Miedo a hablar en público, a hacer el ridículo, 
miedo al querer madurar y ver que solo andas en círculo. 

A ser típico y mediocre, 
miedo al ver pasar el tiempo y ver que siempre serás pobre. 

Presos porque ese miedo nos convierte en inestables, 
marionetas inquietas manipulables.

Culpables por caer en esa fobia destructiva, 
prefiero vivir sin miedo y ser libre de por vida.




Canción: "El tiempo del miedo", Nach.



En mi próximo artículo hablaré de cómo podemos vencer al miedo...

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