¿Es lo mismo un embrión que un recién nacido? La falacia del continuo.



¡Hola de nuevo!

Siguiendo con nuestro viaje por el mundo de las falacias o "trampas" en los argumentos que podemos oír por ahí, os traigo la siguiente reflexión:

Imaginad un grano de arena. No podemos decir que un grano es "un montón", ¿verdad?. Pongamos otro grano, ya van dos. Tampoco es "un montón". Si le ponemos otro encima, son tres, pero tampoco "un montón". Tengamos la cantidad de arena que tengamos, si le sumamos un grano no puede pasar de ser "no-montón" a "montón" de arena, ¿verdad?. Por lo tanto, no existen los montones de arena, mientras añadamos los granos de uno en uno.

Esta conclusión parece lógica por una parte, y absurda por la otra. Otros ejemplos pueden ser:

Yo no estoy calvo, porque tengo pelo. Si me quitas un pelo, tampoco estoy calvo. Si luego me quito otro, sigo sin ser calvo. Y puedo seguir así, quitándome pelos uno a uno, y nunca estaré calvo.

O con la barba. Si tengo solo un pelo en la barbilla, no se puede decir que tenga barba. Si me sale otro más, tampoco. ¿Y si sale otro más? Tampoco. Así, poco a poco, me pueden salir pelos pero nunca tendré barba.

¿Dónde está el truco?

Esto se conoce como "falacia del continuo", "argumento de continuidad", en latín falacia del "continuum", o también, literalmente "falacia del montón, de la barba o del calvo". Consiste en pensar que, en un proceso continuo donde hay pequeñas diferencias (como añadir granos de arena), las posiciones extremas son la misma cosa. Es decir, que un grano es lo mismo que un montón, o que ser calvo es lo mismo que tener pelo, o que tener barba o no es equivalente.

Estamos ante cambios graduales en los que es muy difícil establecer un "límite" objetivo. 

  • ¿Cuántos pelos hacen falta para formar una barba? 
  • ¿Cuántos granos hacen falta para tener un montón de arena? 
  • ¿A partir de cuánto dinero podemos decir que alguien es rico o pobre? 
  • ¿En qué momento una persona viva pasa a estar muerta? 
  • ¿Cuándo un niño se convierte en hombre? 
  • ¿Cuántos grados hacen falta para pasar del frío al calor?
  • ...


Si en cualquiera de estas situaciones u otras parecidas, afirmamos:

  1. que no existen diferencias entre los extremos (es lo mismo rico o pobre, niño o adulto, frío o calor...)
  2. que, si hay diferencias entre los extremos, cualquier "límite" es arbitrario (da igual decir que hace calor a partir de 4ºC que a partir de 25ºC, es igual de arbitrario)
Entonces, estamos cayendo de lleno en la "trampa" del continuo. Si razonamos de esta manera, nuestro esfuerzo será en vano, lo habremos hecho mal, estamos usando una lógica chapucera y nuestras palabras no deberían ser tenidas en cuenta.

¡Que no conozcamos el momento en el que se producen los cambios no significa que las cosas no cambien!

Oiréis falacia del continuo, sobretodo, en la discusión sobre el aborto. Su forma es la siguiente:

Todo recién nacido es una persona. Su desarrollo desde el embrión hasta el feto maduro es gradual, sin que exista un punto en que su naturaleza cambie abruptamente. No existe un punto en que podamos considerar que matarlo es lícito. En consecuencia, la interrupción del embarazo es tan ilícita como el asesinato de un niño.

Aquí, la conclusión es clara: aborto = asesinato, porque embrión (o cigoto, incluso) = recién nacido.

Es lo mismo que decir semilla = árbol, o que tragarte las pepitas de la manzana (que son semillas) es equivalente a destruir una arboleda de manzanos. En este ejemplo estamos usando la misma lógica, aunque, cuando respecta a nosotros los seres humanos, somos más reacios a admitirlo.

También se puede oír esta "trampa", cuando se discuten los cambios en la velocidad máxima permitida para la circulación de los coches en las carreteras. Algo así:

Es absurdo que pongan el límite a 120 kilómetros por hora. Si voy con el coche a 120 por la autovía tengo las mismas posibilidades de matarme que si fuese a 121.

De esta forma podríamos decir que es igual que pongan el límite a 10 km/h o a 250 km/h, porque si vamos poquito a poquito, no hay un punto "brusco" en que la velocidad pase de "segura" a "insegura".

También ocurre cuando un estudiante se enfrenta a su suspenso con un 4,9. ¡Qué injusto que yo suspenda y mi amigo, que ha sacado un 5,0, haya aprobado! Así se podría pensar con el 4,8, 4,7, 4,6... y hacia abajo. ¿En qué momento el estudiante merece que le aprueben?

Cuando ocurren estos casos, en los que no parece existir un "punto de ruptura" claro, utilizamos "límites convencionales". Son reglas que nos permiten actuar de forma prudencial, para evitar la intervención en las situaciones poco claras.

Cogemos un límite de, digamos, 100 km/h (aunque los coches puedan ir a 101 km/h sin que haya más accidentes), porque por debajo de esa cifra, sabemos que la carretera es segura. Pero por encima, puede llegar a ser insegura. Y de paso, nos cercioramos de que nadie vaya a 150 km/h, por ejemplo. Para poner un buen límite, debemos antes hacer un estudio estadístico, y dejar una regla que permita un margen amplio de seguridad.

Lo mismo ocurre con los límites a partir de los cuales se considera que una persona es "pobre", la concentración a partir de la cual un medicamento es "eficaz", a partir de cuándo está penalizado el aborto o a partir de qué edad se considera a una persona capaz de tomar decisiones importantes (en España, a los 18 años, ¿por qué no a los 17? ¿por qué no a los 19?). 

Por supuesto, los límites convencionales no son inamovibles. Pueden modificarse según cambien nuestros conocimientos o sensibilidad sobre el tema. 

El mundo es complicado y los conceptos muchas veces son borrosos. No siempre uno puede trazar una línea bien clara entre dos estados distintos y es por eso que uno debe remitirse a convenciones. Uno puede (y debe) discutir dónde se traza esa línea, pero nunca puede argumentar que tal línea no existe ni es significativa.

Cuando nos enfrentemos a esta "trampa", podemos hacer ver lo absurdo del argumento poniendo alguno de los anteriores ejemplos. Todos siguen la misma lógica, y todos están igual de equivocados.


Para concluir, un último ejemplo. Sabed que hay mucha gente que critica que la teoría de la evolución está equivocada, y que los seres humanos no tienen antecesores comunes con los chimpancés. Y pueden razonar diciendo:

Yo soy humano, porque mis padres eran humanos. Y los padres de mis padres también. Siempre que nace una persona, sus padres son humanos también. Como es imposible que un chimpancé de a luz a un ser humano, debemos concluir que los humanos y los chimpancés no comparten antecesor común.

O dicho de otra forma, como dice el niño predicador... (vídeo al final del artículo, por si no sabéis quién es):

"El mono y la mona producen monitos hasta hoy. La gallina y el gallo producen pollitos. Y el pez pececitos."

Espero que el artículo de hoy os sea útil. ¡Un saludo! :D


PD: para tratar los temas de las falacias, he utilizado especialmente la siguiente página web: http://www.usoderazon.com/. Para este artículo, algunas frases son literales de http://www.legosalogos.com.ar/2010/08/epistemofobia-falacia-del-continuo.html

PPD: con mi artículo no me posiciono a favor ni en contra del aborto. Ni a favor o en contra de las señales de tráfico. Simplemente, si alguien quiere defender su posición en el debate sobre el aborto o las señales de velocidad, debe buscarse otros argumentos mejores, que no sean "trampas" como esta.

Comentarios