¡Eso es mentira, so marrana!



¡Hola a todos!



En estos tiempos que corren tenemos acceso a cada vez más información. Internet, con sus posibilidades casi infinitas, nuevos canales de televisión, cada vez más periódicos distintos... Y continuamente escuchamos a gente que intenta convencernos de cosas. Políticos, medios de comunicación, economistas... pero también gente más cercana, como nuestros amigos, familia, nuestro médico o el cura del pueblo. Continuamente sufrimos un flujo de datos, ideas, cifras, palabras y más palabras, que intentan cambiar nuestra opinión sobre las cosas. Y es normal que nos sentamos perdidos... ¿qué es verdad y qué es mentira?


Además, en esta época de turbulencia política y social, surgen con mayor virulencia los debates acalorados entre contendientes. Las tertulias televisivas eclosionan, Internet se convierte en un foro de ideas contradictorias, la calle estalla con manifestaciones y asambleas. En todo ese barullo, podemos sentir miedo de no saber qué pensar. ¿Cuándo estamos siendo manipulados? ¿En quién puedo confiar?

¿Podemos hacer algo frente a esta situación? ¿Cómo podemos elegir libremente sin caer en el engaño de gente más poderosa que nosotros? ¿Cómo tener más poder, más independencia, más pensamiento crítico?

Estas y otras muchas preguntas motivan el inicio de una nueva sección en este blog. En ella, aprenderemos a sortear las "trampas" que plagan los discursos políticos, los artículos periodísticos y los argumentos de tu vecino. Nos daremos cuenta de que muchas veces usamos estas mismas "trampas" y encontraremos alternativas útiles. Después de este viaje, estaremos mucho más capacitados para enfrentarnos al mundo real con verdadero poder e independencia de pensamiento.

Pero antes de desvelaros el pastel, vayamos por partes.

Cuando intentamos convencer a alguien sobre algún tema, utilizamos argumentos o razones para defender nuestra postura. Con estos argumentos, intentamos llegar a una conclusión. A continuación os pongo unos ejemplos de argumentos que intentan demostrar cosas:

  • Como nada prueba que no sea usted comunista, debemos concluir que es usted comunista.
  • La sociedad siempre se ha desplazado montada a caballo. No hay por qué viajar ahora en coche.
  • Tiene que haber algo después de la muerte. Si no, la vida no tiene sentido.
  • No puedes fiarte de ese estudio sobre el tabaco. Lo ha pagado la industria tabacalera.
  • Los ecologistas dicen que el calentamiento global está sucediendo porque la mayoría de los científicos dicen y lo creen así.
  • Esto debe ser verdad porque aparece en Wikipedia.
  • Si usted permite la eutanasia en este caso en que parece justificada, entonces cualquier paciente que no esté en una situación terminal podrá escoger esta forma de suicidio legal, y, a continuación, cualquier persona simplemente deprimida podrá decidir el fin de su vida con ayuda médica.


¿Qué tienen en común estos ejemplos puestos a propósito? Todos intentan demostrar cosas. Todos usan argumentos. Y todos usan argumentos erróneos. Todos son, en una palabra: "falacias", o, como me gusta llamarlas, "trampas".


Una falacia o trampa en la argumentación es un argumento inválido, erróneo, mal hecho, engañoso, chapucero... Si usamos una falacia, nuestro razonamiento no vale, es absurdo, hay que tirarlo a la basura. ¡No nos ayuda, solo confunde! Y no contiene una pizca de razón.

Las falacias o trampas abundan como estrellas en el cielo. Además, son muy exitosas. Si se usan bien, causan furor entre el público, levantan aplausos para uno mismo y abucheos para el rival. Su secreto es este: parecen argumentos fuertes, sólidos, lógicos, inteligentes... pero no lo son. Para aquellos a los que les guste el ajedrez, se parecen mucho a las "celadas": jugadas defectuosas, que intentan tender una trampa al rival. Si el rival pica, la recompensa es importante (comerte la dama, dar jaque mate...), pero si se da cuenta, quedamos literalmente con el culo al aire. Esa es la fortaleza y debilidad de estas trampas.

¿Por qué me pongo a hablar de esto? ¿Por qué pienso que es importante? Porque creo que, para saber qué es verdad, una buena forma es aprender qué NO lo es. Si estudiamos cómo identificar y combatir estas trampas, algo bastante sencillo y divertido, tendremos ganado un montón en pensamiento crítico.

Además, las falacias tienen su propia clasificación y todo. Según el tipo de engaño, pueden agruparse y estudiarse por separado. Se parecen un poco a los "errores del pensamiento" de los que ya he hablado en este blog.

Si quieres saber por qué los ejemplos que he puesto son malos argumentos, por qué son "trampas", ¡estate atento a los siguientes artículos!

Con cada nueva entrega, explicaré un tipo especial de trampa y pondré ejemplos sacados de la vida real, de esos que podrías encontrarte al encender la televisión, al charlar con un amigo o al comentar, qué se yo, un blog xD


¡Un saludo! :D


PD: El título y la foto se han extraído de un capítulo de los Simpsons, en el que Homer recuerda su paso por el instituto, la escena es algo así:
"- Mi nombre es Homer Simpson y quiero apuntarme a algo.
- Puedo hacerte un hueco en el foro de debate.
- ¿Debate? O sea ¿discutir?
- Sí.
- ¡¡Eso es mentira, so marrana!!... Pequeño ensayo, señora Blumett (?)"

Comentarios

  1. El mundo de las falacias, la verdad es que es muy interesante y sus clasificaciones no tienen desperdicio, como la "ad hominem" (extremadamente usada), la del "hombre de paja" o la de "ad verecundiam".

    Pd: Menos mal que arrancas esto otra vez jajaja

    ResponderEliminar
  2. Chssst, no hagas spoiler XD

    La verdad es que has citado tres de las más importantes y frecuentes. La ad hominem y del hombre de paja suelen ir juntas, y la ad verecundiam forma un gran grupo con la ad antiquitatem, ad populum... (falsas autoridades en definitiva)

    Lo que me llama la atención es que, siendo algo tan frecuente, sea tan raro encontrar gente que las denuncie. En eso estamos xD

    ResponderEliminar

Publicar un comentario