En busca de la política perdida (II: ¿la solución?)



La política es una actividad actualmente muy devaluada en España. Creo que es fundamental trabajar porque la política vuelva a ser considerada como una tarea decente y respetable, incluso digna de admiración. Para conseguir ese objetivo, considero importante cambiar el paradigma actual, y crear una nueva política, un nuevo movimiento, que combine las siguientes características.

1. Un espíritu: la compasión y el servicio. Frente a los valores de la ambición y el poder, reivindico la "compasión" y el "servicio". La compasión es el deseo sincero de liberar a las demás personas de su sufrimiento. El servicio es anteponer las necesidades de la otra persona a las mías propias. El espíritu que debe llevar a una persona a trabajar en política, que debe estar presente en todos y cada uno de los momentos, es el de trabajar por y para los demás. Esta vocación de servicio está presente en otras profesiones, como las profesiones sanitarias, y en organizaciones como ONGs. La política es la forma más elevada de ayuda a los demás, porque afecta a toda la población, porque puede crear cambios muy importantes en la vida de las demás personas. El sistema político actual favorece a ciertas personas sin escrúpulos, personas que tienen un ego muy desarrollado y quieren conseguir notoriedad y poder. Debemos cambiar esta situación, por un movimiento que favorezca a las personas más compasivas, más serviciales, más altruistas.

2. Un método: la política centrada en la persona y en el bien común.Al igual que existe una "Medicina centrada en la persona", como reacción a la medicina centrada en el profesional médico, propongo una "Política centrada en la persona". El objetivo de la política debe ser garantizar el bien de los/as ciudadanos/as, y ese debe ser su único centro. Actualmente, los partidos políticos están demasiado anclados a sus tradiciones, símbolos e historia. Primero se crea una tradición política, y luego se actúa en base a ella (liberal, socialista, comunista, autoritaria...). Propongo lo contrario, que el origen y la justificación de la política esté en las personas, y que a partir de ahí se cree un sistema político. El bien común es la traducción de esa realidad: la búsqueda del mayor bienestar posible para la mayoría de la población, sin olvidar a las generaciones futuras. La política del bien común no entiende de "derechas" o "izquierdas", sino de "personas": si una medida beneficia al bien común, es buena; si perjudica al bien común, es mala.

3. Un objetivo: crear un entorno saludable de calidad de vida. Frente a la política centrada en indicadores puramente económicos (PIB), propongo una política centrada en el concepto de "calidad de vida". La calidad de vida incluye muchos componentes, aquellos que determinan si vivimos "bien" o "mal": situación económica, educativa, sanitaria, laboral, derechos, seguridad, ocio y cultura, medio ambiente y bienestar subjetivo. El objetivo de la política debe ser mejorar la calidad de vida de las personas. Hay medidas políticas que mejoran la calidad de vida de la mayoría de la población ("bien común"), pero también hay medidas que favorecen a unas pocas personas y perjudican al resto. Una buena política siempre debe justificar sus medidas en aras de mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población, sin olvidar nunca a las generaciones futuras.

4. Una estructura: la participación. La política afecta a todo el mundo, pero no todo el mundo afecta en la política. Creo que nunca llegará un partido político que "nos salve": debemos salvarnos nosotras y nosotros. Actualmente, los intereses de la población están infrarrepresentados en política. A su vez, existen "lobbies" de presión, que consiguen trasladar los intereses de pequeños grupos de personas (accionistas de empresas energéticas, financieras, grandes empresas, etc.). Tenemos que crear un gran "lobby" ciudadano, un movimiento que represente cada uno de los intereses de la mayoría de la población, un actor poderoso que presione hacia la consecución del bien común. Para ello, es fundamental contar con la máxima participación de la gente, dentro de sus posibilidades. Hoy en día, un pequeño porcentaje de la población toma la inmensa mayoría de decisiones en política. Se trata de igualar ese desequilibrio de poder: que cada opinión cuente más. Para conseguirlo, hace falta que participemos.


Un movimiento político que funcione de esta manera contará con mi apoyo incondicional. Esta reflexión es personal, parte desde mi ignorancia y mi punto de vista, pero creo que muchas personas pueden estar de acuerdo. Por mi parte, voy a trabajar en ello, y cualquier apoyo es bienvenido.

¡Un saludo! :D

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