"No te preocupes por el fruto de tus acciones, mantente atento a la acción misma"


En ocasiones, cuando estoy ocupado en una tarea, una parte de mi cabeza está centrada en ella y otra parte está preocupada en si saldrá bien o mal. Por ejemplo, cuando estoy estudiando para un examen, una parte de mi cabeza está estudiando, y la otra está dándole vueltas a si me saldrá bien o mal, cuántas páginas me quedan por estudiar, etcétera.

Lo que ocurre entonces, es que mi atención se divide (entre la tarea y mis preocupaciones) y me estreso. Me siento más tenso, hago la tarea a disgusto, eso hace que me salga peor, y así en un círculo vicioso.

He probado una solución que me funciona. Si tengo un objetivo (por ejemplo, un examen), en primer lugar planifico cuáles van a ser los pasos que tengo que dar (estudiar X horas), y cuándo estoy ejecutando el plan, intento centrar toda mi atención en lo que estoy haciendo en ese momento. Cuando aparecen preocupaciones sobre el "resultado" del estudio, las aparto momentáneamente y vuelvo a centrar mi atención en el estudio. Si mi objetivo es a medio o largo plazo, me reservo algunos espacios de tiempo para evaluar cómo está yendo el plan y si necesito cambiar algo.

Con la otra situación, sin embargo, me acabo estresando y no llego a completar la tarea. Además, muchas veces, el "fruto" solo lo puedo ver una vez que he pasado por la tarea. Cuando pienso "esto es una tontería", "esto no va a funcionar", "esto no vale para nada", etc., me digo a mí mismo "cállate y sigue haciéndolo". Muchas veces, cuando termino la tarea y veo el resultado, me sorprendo en que he conseguido un buen éxito, que antes no podía percibir.

Por eso, intento cada día estar centrado en lo que estoy haciendo, y no obsesionarme mucho con el posible resultado.

¿Qué reflexiones os sugieren esta frase? ¡Un saludo! :D

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